[Las fotografías de paisajes y de fauna que aparecen en este Blog (realizadas mediante la técnica del cutrescoping) y los textos que las acompañan están hechos por mi, a menos que se diga lo contrario.

Puedes utilizar las imágenes y hacer referencia a los textos libremente, pero siempre citando la fuente y al autor. Gracias]


Latido Jondo

Cerradas manchas de monte en las sierras de Andújar... apreturas y riscales en Despeñaperros... soledades boscosas y remotas en Hornachuelos... cantos de colirrojo real en los frescos castañares en la Sierra de Aracena... ríos que serpentean entre hondos barrancos cordobeses... robledales donde termina Andalucía... el morir alomado y llano de la Sierra en el extremo norte de Sevilla... bellotas que se caen de las encinas... callejas de pueblos blancos donde cantan las golondrinas... olor a pasto mojado cuando suena la berrea... cigüeñas negras sobre el murmullo de las aguas... bruscos picados de águilas reales... croar de sapos y ranitas en la noche... chillidos de matanza en las frías mañana de invierno... el paso elástico del lince bajo la valla... manto florido de dehesas en primavera.... agostaero de pastos en verano...

Si yo fuera bicho, Sierra Morena sería mi área de campeo. En este blog pretendo compartir con vosotros algunos de los momentos camperos que vivo tanto en esta zona -a retazos salvaje y honda, a retazos domesticada y suave- de Andalucía como en otros variopintos parajes naturales, a veces alejados de la Sierra pero que también forman parte de mi área de dispersión....o a los cuales llego con carácter divagante o accidental....


Bienvenidos!

4 de junio de 2014

Peñón de Algámitas y Castillo del Hierro (Sierra Sur de Sevilla)




La primavera va poco a poco marchitándose en nuestros campos sureños, así que no queda otra que aprovecharla al máximo. Siempre que puedo intento ajustar mi visita a los lugares que me gustan a las fechas en las que suelen lucirse con sus mejores galas, y eso es lo que motivó el importante madrugón de hace un par de semanas para estar al amanecer en Osuna, donde había quedado con los compañeros Javi Pérez Mata (Destino Natural) y Natalia Juárez para desplazarnos hasta uno de mis espacios favoritos de la franja  meridional sevillana.

Tajos, escarpes, roquedos y canchales. Distintas formas de la piedra en el Peñón de Algámitas
Algámitas es un pueblo de unos 1.300 habitantes cuyo pequeño término municipal abarca las dos mayores alturas de la provincia de Sevilla: el Terril (1.128 msnm, compartido con el vecino municipio de Pruna) y el Peñón de Algámitas (1.121 m). Ambos están en la sierra del Tablón y se ven apenas separados entre sí por un estrecho en el cual la carretera que une Algámitas con Pruna supera el puerto del Zamorano. A pesar de esta proximidad, ambos montes son bastante diferentes en relieve, vegetación, paisaje, orografía y aves.

En algunos rincones, la vegetación y el paisaje de la Sierra Sur de Sevilla
recuerdan a los de Sierra Morena
Mi preferido es el Peñón de Algámitas, un lugar con características muy singulares que le otorgan gran personalidad. Enclavado en la comarca de la Sierra Sur, tímida incursión de las montañas subbéticas en territorio sevillano, en este monte la roca caliza adquiere protagonismo en forma de tajos, picachos, canchales y escarpes. Sus laderas están  cubiertas por un interesante bosque de quejigos y encinas con variado sotobosque, que en las partes más umbrosas adquiere tintes casi selváticos.

Vista frontal del Peñón de Algámitas desde el camping.
Allá arribota se veía el roquero rojo haciendo cortejos...
La mejor manera de conocer este paraje -que no tiene ninguna figura de protección más allá del escuálido reconocimiento de la Sierra del Tablón como Complejo Serrano de Interés Ambiental- es caminar por los senderos del parten del “Complejo Turístico de Montaña El Peñón”. Así lo hicimos nosotros, decantándonos concretamente por la ruta parcialmente circular que asciende a la cumbre desde la cara nordeste. 
Trepador azul Sitta europaea. Foto: Javi Pérez
Ya desde abajo, en las instalaciones del camping, se contempla la majestuosidad de esta pequeña sierra. Al poco de comenzar, el sendero se interna bajo la sombra de las quercíneas, a cuyos pies crecían estas Ophrys tenthredinifera de largo tallo y flores anchotas con marcada pilosidad, lo que unido a la fecha tardía de floración y a su presencia en una umbría a más de 800 m de altitud, me hacen pensar que se trata de la variedad ficalhoana, considerada especie separada por algunos autores.

Oprhys tenthredinifera var. ficalhoana. Detalle de anchura y pilosidad del labelo.


Oprhys tenthredinifera var. ficalhoana. Porte de la planta.
La umbría fresca y húmeda del Peñón cobija a uno de los mejores quejigales del sur de la provincia. Lo componen árboles de distinto porte, destacando varios ejemplares enormes y probablemente centenarios.

Quejigos y encinas son los árboles dominantes en la umbría de la sierra del Tablón
La frondosidad se veía a cada poco interrumpida por claros de prados y matorral mediterráneo. En estas zonas más soleadas nos fuimos topamos con una orquídea de peculiar olor que se mostraba casi en su punto óptimo de floración en aquel día de mediados de mayo. Himantoglossum hircinum es muy rara en la provincia de Sevilla, apareciendo restringida a la Sierra Sur y concretamente a la sierra del Tablón. De hecho, en la localidad objeto de nuestra visita está citada esta planta hace ya ¡¡40 años!! Así que nos llevamos doble alegría por haber podido encontrar esta orquídea de robusto porte y “tirabuzones florales”.

¿Hombrecillos gigantes, o tirabuzones? La disquisición sobre las flores de Himantoglossum hircinum 
Entre el follaje de los quejigos busca alimento un pajarillo muy escaso como reproductor en territorio sevillano: el mosquitero papialbo Phylloscopus bonelli. Avecilla migratoria, en paso se le puede ver por toda la provincia, pero a la hora de criar elige exclusivamente encinares y quejigales de la Sierra Sur. De ahí que sea una de las ornitoespecialidades a buscar cuando visito el Peñón. Se portaron bien, ya que estuvimos constantemente viendo y escuchando ejemplares a lo largo de toda la ruta. Junto a ellos vimos aves forestales como oropéndolas, currucas mirlonas y capirotadas, petirrojos, escribanos soteños, trepadores azules o agateadores comunes.

Mosquitero papialbo Phylloscopus bonelli. Foto: Javi Pérez
A ratos el bosque se vuelve casi impenetrable, debido a la cobertura arbórea y al matorral que alcanzaba gran porte. Es todo un lujo y una delicia pasear a la sombra y con fresco a mediados de mayo por las sierras sevillanas, escuchando los cantos y reclamos de multitud de pájaros.

Apreturas forestales en Algámitas
Conforme la senda vira hacia el noroeste y gana altitud, el medio forestal cede la batuta a la roca. Es el momento en que nos acercamos a los farallones calizos de la parte “trasera” del Peñón, pudiendo disfrutar de magníficas vistas del Terril, techo de Sevilla y cuyo alomado relieve que lo hace muy distinto a su montaña vecina. En su caso, impera el matorral mediterráneo y apenas hay arboleda, aunque ello se debe en parte al incendio que asoló este paraje en el año 2005, y del que aún se aprecian secuelas.

La imponente y redondeada mole del Terril, vista desde el Peñón de Algámitas
La garganta por la cual se desliza la carretera bajo nuestros pies hace de pasillo para las corrientes de aire, y quizá por ello los buitres leonados se escurrían también por ella. Parecían venir desde el no lejano Peñón de Zaframagón, que acoge una importante colonia de la especie (más de 200 pp.), y ese ventoso día utilizaban la sierra del Tablón para remontarse en los cielos y encauzar su vuelo.

Hábitat de la collalba negra en el Peñón
Son las aves rupícolas las otras grandes protagonistas de este enclave. Además de buitres, pudimos ver águilas perdiceras, cernícalos vulgares, escribanos montesinos, roqueros solitarios, colirrojos tizones, vencejos reales, aviones roqueros y collalbas negras. Sin embargo, el verdadero protagonista fue un macho de roquero rojo Monticola saxatilis que ya habíamos localizado desde el propio camping al comienzo de la ruta (con los prismáticos se veía a un ave rojiza haciendo “el paracaídas” en las rocas más altas, y a pesar de la enorme distancia estaba seguro de que se trataba de esta especie). Ya en la cumbre pudimos verlo en mejores condiciones largo rato, lanzándose a volar cantando hacia arriba para después dejarse caer en vertical entreabriendo las alas y enseñándonos la característica mancha blanca de su dorso.

Macho de roquero rojo Monticola saxatilis haciendo display en Sierra Sur de Sevilla
Lo interesante del dato es que hasta la fecha no se tiene constancia de la reproducción de esta especie en la provincia de Sevilla. En el Peñón de Algámitas hay varias citas, todas en época migratoria; en el caso que nos ocupa, sé que a mediados de mayo aún hay individuos en migración, y sé que a veces los machos se llegan a mostrar muy encelados en lugares por los que pasan. Y sé que 1.120 msnn es una altitud baja para la especie en Andalucía occidental. Peeeeero también sé que si hay algún lugar en la provincia de Sevilla que pudiera reunir buenas condiciones para registrar un caso de reproducción de roquero rojo, ése es el Peñón de Algámitas. Así que me quedé con la mosca detrás de la oreja, asumiendo que probablemente tan sólo era un macho en paso, pero no obstante me gustaría volver para confirmarlo antes de que termine la temporada reproductora.

Ellas también son vecinas de estos agrestes parajes....
Tras echar un ratillo en la antesala de la cima contemplando las vistas –que abarcan cuatro provincias-, nos dispusimos a bajar nuevamente por el mismo camino hasta la intersección en la cual el sendero puede hacerse circular, rodeando el cerro de la Sierrezuela. A lo largo del retorno seguimos disfrutando de las bonitas vistas de esa combinación de cresterías, colinas, olivares sobre tierras blancas, dehesas y manchas de matorral que es tan típica de la Sierra Sur

Natalia, Javi y yo, a la vera de la cumbre
Un pilar con encanto nos invitó a hacer una parada para buscar –infructuosamente- anfibios. Y, entre tanto, seguíamos registrando currucas mirlonas y carrasqueñas, alcaudones comunes, zarceros comunes, ruiseñores comunes, más orquídeas y bonitas mariposas como Zerynthia rumina.

Mariposa arlequín Zerynthia rumina. Cutreprismiscoping...¿quién da más?
A mediodía estábamos de vuelta en el coche, poniendo fin a la primera parte de la excursión. Y digo de la primera parte porque, tras comernos unos bocatas, pusimos rumbo a Pruna para hacer otra ascensión montañera. En este caso el objetivo era subir el Castillo del Hierro, antigua fortaleza que perteneció durante siglos al reino nazarí de Granada y que fue objeto de convulsos episodios militares en el Medievo debido a su situación en plena frontera.

Pilar-abrevadero de curiosa factura
Los restos de esta fortaleza se hallan en la cumbre de una peña de imponente perfil, que según dicen se asemeja a un galeón. La realidad es que es uno de los mejores lugares que conozco en la provincia de Sevilla para avistar a la collalba negra, objetivo que cumplimos con varios ejemplares anotados. Otras aves destacadas fueron las chovas piquirrojas, grajillas y cernícalos primillas que estuvimos viendo volar por debajo de nuestra posición, así como roqueros solitarios y escribanos montesinos entregados al canto.

El Castillo del Hierro sobre su impresionante tajo
La subida no es difícil ya que actualmente hay un camino empedrado; pero sí que es muy cansada, debido al importante desnivel y al calor de la solana. Eso sí, las vistas merecen sobradamente la pena.

Escribano montesino Emberiza cia, común en Sierra Sur
Me despido con esta preciosa criatura, el neuróptero Nemoptera bipennis, un endemismo ibero-franco-magrebí que a partir de mediados de mayo vuela por muchos parajes andaluces, entre ellos los pastizales de la ladera coronada por el Castillo del Hierro. Hasta la próxima! 

Uno de nuestros insectos más llamativos: Nemoptera bipennis
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