[Las fotografías de paisajes y de fauna que aparecen en este Blog (realizadas mediante la técnica del cutrescoping) y los textos que las acompañan están hechos por mi, a menos que se diga lo contrario.

Puedes utilizar las imágenes y hacer referencia a los textos libremente, pero siempre citando la fuente y al autor. Gracias]


Latido Jondo

Cerradas manchas de monte en las sierras de Andújar... apreturas y riscales en Despeñaperros... soledades boscosas y remotas en Hornachuelos... cantos de colirrojo real en los frescos castañares en la Sierra de Aracena... ríos que serpentean entre hondos barrancos cordobeses... robledales donde termina Andalucía... el morir alomado y llano de la Sierra en el extremo norte de Sevilla... bellotas que se caen de las encinas... callejas de pueblos blancos donde cantan las golondrinas... olor a pasto mojado cuando suena la berrea... cigüeñas negras sobre el murmullo de las aguas... bruscos picados de águilas reales... croar de sapos y ranitas en la noche... chillidos de matanza en las frías mañana de invierno... el paso elástico del lince bajo la valla... manto florido de dehesas en primavera.... agostaero de pastos en verano...

Si yo fuera bicho, Sierra Morena sería mi área de campeo. En este blog pretendo compartir con vosotros algunos de los momentos camperos que vivo tanto en esta zona -a retazos salvaje y honda, a retazos domesticada y suave- de Andalucía como en otros variopintos parajes naturales, a veces alejados de la Sierra pero que también forman parte de mi área de dispersión....o a los cuales llego con carácter divagante o accidental....


Bienvenidos!

25 de abril de 2014

Café con gansos

Ya se marcharon. A lo largo del mes de marzo fueron enfilando, cada tarde un buen puñado de ellos, las autopistas del cielo que –si todo ha ido bien- les habrán dejado en aquella charca alemana, en las islas danesas o en el estuario sueco en el que nacieron y al que cada pareja acude, año tras año, a anidar. Yo mismo pude escucharlos varias noches sobrevolando los doñaneros pinares de Hinojos con su típica escandalera de voces, rumbo a latitudes septentrionales.

Desconfiados y bravos, casi nunca es fácil ver a corta distancia a los ánsares en Doñana
Han sido casi seis meses los que han pasado entre nosotros, poniendo banda sonora a las jornadas de pajareo marismeño. Los primeros llegaron en octubre; allá por el mes de noviembre mis compis de SEO-Sevilla les dieron la bienvenida; y a finales de marzo vi mis últimos de la temporada. En todos estos meses los ánsares han alegrado Doñana, fieles a su principal reducto de invernada en Europa, pues no en vano son más de 65.000 ejemplares los que suelen visitarnos en la estación fría. 

Grupito de ánsares descansando en una isla de vegetación en la Marisma Madre de El Rocío
Entre los ánsares comunes Anser anser se han visto esta temporada varios ánsares caretos grandes y barnaclas cariblancas, además de una sorprendente barnacla cuellirroja. Yo no me encontré este año con ninguno de estos “infiltrados” (a diferencia de otras ocasiones), pero sí disfruté de los gansos comunes en unas cuantas ocasiones. Entre ellas, varias tardes en las que me encontré solo en la Marisma por la tarde, a la hora del café, termo calentito de por medio y con la gratísima compañía de sus graznidos. 

Llanuras de la Marisma Gallega de Hinojos
Cuando los escuchas a lo lejos y los ves venir, son al principio una uve de puntitos en el horizonte que se va acercando poco a poco hasta colocar sus panzonas siluetas sobre tu cabeza. La luz cálida del sol en sus últimos rayos del día, el airecillo frío, el silencio en la gran llanura sólo roto por las voces de estos viajeros incansables… la sensación es difícilmente descriptible. Única, pero afortunadamente repetible cada año.

video

En este cutrevídeo en que se aprecia cómo llegan desde los arrozales de los Hatos, Caño del Guadiamar abajo,  hasta Cerrado Garrido para echarse al lucio a pasar la noche…

¡Hasta el otoño que viene, amigos!

16 de abril de 2014

La estrella del castañar


En la porción de Sierra Morena que cae dentro de la provincia de Huelva existen unas 5.000 hectáreas de castañar, lo que la convierte en la zona de mayor presencia de Castanea sativa de Andalucía. No obstante, no es mi intención ahora extenderme hablando de nuestros castañares, ya que pretendo hacerlo del modo adecuado en otra ocasión. Hoy el protagonista de este blog es un pajarillo que vive a caballo entre el Sahel y los bosques europeos, y cuyo avistamiento me trae siempre recuerdos de mis comienzos pajariles. Una avecilla que anida en las formaciones boscosas más características de mi tierra, aprovechando un singular hábitat natural aunque de origen antrópico, si es que puede admitírseme esta paradoja. Y es que, en la Sierra de Aracena, los castaños y el colirrojo real van de la mano para dibujar una de las estampas silvestres más genuinas de esta comarca del norte onubense.

Como un pequeño rey, el colirrojo real controla su diminuto reino desde posaderos estratégicos.
P.N. Sierra de Aracena y Picos de Aroche, Abril 2014
El colirrojo real Phoenicurus phoenicurus, ave común en gran parte de Europa, vio caer en picado sus poblaciones en los años 60-90 del siglo XX, aunque en los últimos tiempos parece que está registrando un ligero incremento. No obstante, a raíz de los estudios sobre su declive poblacional en España, el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas (y el Andaluz, por ende) lo ampara en la categoría de “Vulnerable a la extinción”. Es decir, desde un punto de vista conservacionista y legal nuestros colirrojos reales son tan “importantes” como nuestras águilas perdiceras o nuestros buitres negros.

La técnica de caza del colirrojo real consiste en otear el suelo para, una vez localizado
el  presunto almuerzo, dejarse caer velozmente sobre él. Sierra de Aracena, Abril 2014
En Andalucía hay pocas poblaciones reproductoras de esta especie. Si bien hay diversos datos de cría en hasta 6 provincias, sólo forma núcleos de cierta entidad y llega a ser relativamente frecuente en determinadas áreas de Huelva, Málaga y Jaén. Y, de todas ellas, la población más nutrida es la del Parque Natural Sierra de Aracena y Picos de Aroche, que tiene continuación por otras áreas contiguas de Sierra Morena occidental (sur de Badajoz y, en mucha menor cuantía, P.N. Sierra Norte de Sevilla). Pero, ¿por qué la Sierra de Aracena alberga la principal población reproductora de colirrojo real de Andalucía?

Así de imponentes y viejos son los castaños onubenses. Sierra de Aracena, Abril 2014
La explicación la encontramos en la foto de aquí arriba. Esas casi 5.000 ha de castañar ya mencionadas están formadas, en su mayor parte, por árboles viejos. Muy viejos. Hay auténticos bosques aclarados de pies centenarios, llenos de agujeros y oquedades que los colirrojos reales (que son aves trogloditas) aprovechan para anidar. De modo que los castañares constituyen su principal bastión serrano, si bien también crían en alcornocales, dehesas, robledales, huertos de frutales, olivares maduros, e incluso en algunos pinares siempre que haya cajas-nido o muros de piedra con huecos. En otros lugares de Andalucía saca a su prole en pinares, en robledales y en los pinsapares de la Sierra de Las Nieves (siendo esta última, sin duda, una de las poblaciones más singulares de España). 

Típica estampa primaveral de los castañares andaluces de Sierra Morena occidental. Abril 2014
 Recuerdo cuando siendo un chaval cogía la bici y me hacía unos 30 km para plantarme en las mismas faldas boscosas por las que anduve hace unos días esta primavera, con el objetivo principal de regalarme la vista y el oído con las andanzas de los colirrojos reales. Por ello, ese canto con apariencia inconsistente e improvisada del que hacen gala los machos de colirrojo me resulta tan familiar, tan propio si puede decirse. Y, por ello, cada año por el mes de abril me gusta arrimarme a los castaños que -aún sin hojas- permiten disfrutar en condiciones de la belleza sin par de este pajarillo forestal. A los machos les encantan las bajeras de los árboles para posarse a emitir su canto y así atraer a las hembras, pero además ambos sexos utilizan estas ramas bajas como atalayas desde las que lanzarse al suelo para dar caza a los insectos que constituyen la base de su dieta. No obstante, son aves bastante nerviosas que cambian constantemente de posadero, moviéndose por sus pequeños territorios de modo más o menos concéntrico.

Cual pequeñas bolitas de fuego, los colis reales ponen el color a los castaños desnudos de hojas
en la primavera temprana. P.N. Sierra de Aracena y Picos de Aroche
Ahora, a mediados de abril, las peleas de machos están a la orden del día. Cantan, se escuchan unos a otros, se buscan, se lanzan a perseguir a vecinos rivales, y todos tratan de impresionar a las discretas hembras. Esta competencia, sin embargo, a veces se transforma en “algo más que amistad”: en algunas ocasiones se forman tríos reproductores formados por dos machos y una hembra (casos de cría cooperativa que yo mismo he podido registrar en estas sierras), y ya Alfredo Noval –gran enamorado y estudioso de esta especie- se hacía eco de casos de poliginia en los años 60 y 70. 

Silenciosas, pardas, discretas. Así son ellas.... 
Conforme avance la estación reproductora los machos irán haciéndose más silenciosos, de modo que con los primeros vuelos de los pollos apenas se escuchará ya su canto; entonces será el reclamo, un vibrante “tsuit-tectec”, el sonido que los delate entre el verde follaje de las hojas de castaño. Aunque esto dependerá de si el galán encuentra novia o no, pues es bastante habitual la existencia de machos que no consiguen emparejarse y que alargan sus expresiones canoras hasta bien entrado el verano. Lo que sí se mantiene todo el tiempo y en todos los ejemplares es el rápido meneo de su cola anaranjada, lo que le ha valido el nombre popular serrano de rabirrubia, ranitocandela o rabitochascua.

Los machos de colirrojo real presentan este espectacular plumaje en primavera.
Sierra de Aracena, Abril 2014
Allá por finales del mes de septiembre casi todos nos habrán dejado, tras haber puesto rumbo a sus cuarteles africanos de invernada vía Estrecho de Gibraltar. Algunos se registran en octubre e incluso principios de noviembre, si bien suele tratarse de ejemplares que vemos en migración, cuando son mucho más generalistas en cuanto a selección de hábitat se refiere. Pero ahora es tiempo de recibirles y darles la bienvenida como se merecen. Como lo que son: las estrellas del castañar.

7 de abril de 2014

Al agua sapos

En la Naturaleza mediterránea abundan los pequeños fenómenos que se producen sólo en momentos concretos del ciclo anual. Sin embargo, y a diferencia de la notoriedad de ciertos eventos que hacen nuestras delicias -como el cortejo de las grandes águilas, la floración de las orquídeas o la otoñada en los bosques caducifolios-, es la discreción lo que impera en la mayoría de los casos. Eso los hace más complicados de palpar, pero no por ello los convierte en menos interesantes.

Este machito de sapo común fue quien me hizo pensar en escribir esta entrada.
Sierra Morena, marzo 2014
Un ejemplo es el celo de uno de nuestros más extendidos anfibios. Escurridizos y de hábitos nocturnos y terrestres, en las últimas semanas de invierno y las primeras de la primavera es cuando los sapos comunes Bufo bufo se vuelven más conspicuos. A ello contribuyen varios factores: su actividad diurna aumenta, realizan desplazamientos por tierra que llegan a ser largos, se concentran en determinados puntos y emiten su canto con cierta frecuencia. Y es que el amor está llamando estos días a la puerta de los sapos comunes.

En sus sitios de puesta, el sapo común tiene vecinos como el galápago leproso.
Sierra Morena Cordobesa, marzo 2010
En Sierra Morena es, sobre todo, en marzo y principios de abril cuando los sapos “se desentierran” de debajo de los troncones caídos, la hojarasca, la tierra y las piedras que constituyen sus refugios diurnos. Lo hacen para salir en busca sus lugares de reproducción. Dice la bibliografía que este longevo animal es muy fiel a sus sitios de cría, volviendo cada ejemplar año tras año al mismo sitio para procrear. De ahí que sea en estas fechas (junto a las noches húmedas y lluviosas de otoño) cuando más habitual resulta topárselo en sendas, prados y caminos. 

Sapo común en pleno desplazamiento diurno por un prado de Sierra Morena de Jaén. Abril 2011

Pero… ¿a dónde van? A diferencia de algunos de sus parientes (como el sapo corredor), el sapo común no busca pequeños aguazales temporales ni “charcos cuneteros” para poner los huevos. En Sierra Morena lo que quiere son, principalmente, arroyos y ríos de aguas limpias con pozas tranquilas en las que abunde la vegetación herbácea y arbustiva; no obstante, tampoco es raro que se adentre en pantanetas o pequeños embalses con follaje en las orillas. Hacia este tipo de lugares se encaminan en primer lugar los machos, reconocibles por ser más pequeños y estilizados, para tomar posiciones y esperar a las hembras. Confían en atraerlas valiéndose de ese canto que les caracteriza, y que por su corta estrofa, tono grave y bajo volumen es poco audible; nada que ver con los coros chicharreros de las ranitas meridionales ni con el runrún infatigable de los sapos corredores, por ejemplo.

Uno de los más interesantes ríos de Sierra Morena Sevillana, la rivera de Ciudadeja,
alberga concentraciones de sapos en el mes de marzo

Una vez las hembras llegan al arroyo suele haber mucha competencia entre machos para poder aparearse. Todos intentan abrazar a las féminas en busca del ansiado amplexo axilar, para el cual han desarrollado duras callosidades de color negro en los dedos, perfectamente visibles en las fechas de celo.

Por tanto, estos días son perfectos en nuestra tierra para tratar de ver al sapo común. Basta con pasear por remansos de cursos de agua bien conservados, atendiendo al movimiento en el agua y aguzando el oído. Sin embargo, para desgracia de los sapos no sólo los humanos con buenas intenciones somos conscientes de ello... 

La rivera de Cala, en el P.N. Sierra de Aracena y Picos de Aroche, es muy querenciosa
para los sapos comunes a la hora de criar
Aún hay pocos peces en los cauces de media montaña, y por ello las nutrias Lutra lutra no están dispuestas a dejar pasar esta oportunidad de darse un festín fácil…. Ahora bien, los sapos poseen glándulas que exudan una sustancia tóxica (irritante para las mucosas) con la que recubren su cuerpo, buscando el efecto disuasorio en los depredadores. Pero a la nutria pocos le ganan en inteligencia, así que el mustélido ha aprendido muy bien la manera de dar buena cuenta de estos anfibios: valiéndose de sus manos y dientes los raja por el vientre y voltea su piel como si se tratara de un guante, consumiendo así la carne y dejando enteras la cabeza, la piel y a veces las vísceras. Este proceder también lo siguen otras especies, como el turón.

El modus operandi de este "crimen bufónido" delata rápidamente a su culpable.
La nutria cenó anoche carpaccio de sapo...
El resultado de esta silenciosa masacre llega a ser bastante tétrico, pues en ocasiones son decenas los pellejos cadavéricos de sapos que jalonan pozas y remansos. Pero no hay que olvidar que es ley de vida, y que se trata de un hecho natural de predación de una especie autóctona por parte de otra especie autóctona, ambas de gran relevancia en nuestros ecosistemas fluviales. 
¡Os animo a salir a disfrutar de este pequeño espectáculo natural que está teniendo lugar estas semanas ante nuestros ojos!
Restos de varios sapos comunes depredados por la nutria en un río de Sierra Morena. Marzo 2014.
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