[Las fotografías de paisajes y de fauna que aparecen en este Blog (realizadas mediante la técnica del cutrescoping) y los textos que las acompañan están hechos por mi, a menos que se diga lo contrario.

Puedes utilizar las imágenes y hacer referencia a los textos libremente, pero siempre citando la fuente y al autor. Gracias]


Latido Jondo

Cerradas manchas de monte en las sierras de Andújar... apreturas y riscales en Despeñaperros... soledades boscosas y remotas en Hornachuelos... cantos de colirrojo real en los frescos castañares en la Sierra de Aracena... ríos que serpentean entre hondos barrancos cordobeses... robledales donde termina Andalucía... el morir alomado y llano de la Sierra en el extremo norte de Sevilla... bellotas que se caen de las encinas... callejas de pueblos blancos donde cantan las golondrinas... olor a pasto mojado cuando suena la berrea... cigüeñas negras sobre el murmullo de las aguas... bruscos picados de águilas reales... croar de sapos y ranitas en la noche... chillidos de matanza en las frías mañana de invierno... el paso elástico del lince bajo la valla... manto florido de dehesas en primavera.... agostaero de pastos en verano...

Si yo fuera bicho, Sierra Morena sería mi área de campeo. En este blog pretendo compartir con vosotros algunos de los momentos camperos que vivo tanto en esta zona -a retazos salvaje y honda, a retazos domesticada y suave- de Andalucía como en otros variopintos parajes naturales, a veces alejados de la Sierra pero que también forman parte de mi área de dispersión....o a los cuales llego con carácter divagante o accidental....


Bienvenidos!

8 de noviembre de 2013

Esos grandes olvidados...


Media mañana de un día de principios de septiembre. El sol ya caldea el ambiente. Se prevé otra tórrida jornada en los cerros cuajados de jaras y encinas entre los que serpentea, cortejado por fresnos y tamujos, un río cualquiera del suroeste ibérico. En la recta final del verano, lugares como este llevan sin ver caer una gota más de tres meses, y aún faltan varias semanas hasta que la lluvia acuda al rescate de la vegetación y sofoque el calor que acumulan las rocas del lecho del río tras un largo tiempo al descubierto.

El escenario de esta entrada del blog, un sufrido río del suroeste ibérico

Así es el clima mediterráneo. Es ley de vida en nuestros campos, a cuya dinámica estacional están perfectamente adaptados los ríos meridionales, aunque nos dé pena verlos tan secos en el estío. Y es que regajos, arroyos, barrancos y riachos llegan a secarse por completo, mientras que los cauces de algo de más entidad suelen quedar reducidos a un rosario de pozas aquí y allá que van achicándose paulatinamente.

Grupo de barbos nadando

En una de estas pozas soy testigo de un drama oculto. Una lastimosa situación en la que no mucha gente repara, y que está acabando poco a poco con la vida de nuestros ríos. A priori nada extraño, pues de visu detecto varios ejemplares de una de las especies más comunes de esta cuenca, el endémico barbo común Luciobarbus bocagei, nadando alegremente. Esta especie, como muchas otras (otros barbos, bogas, o incluso el amenazado jarabugo), realiza pequeñas migraciones dentro de la cuenca fluvial en la que habita; es decir, en primavera -cuando los ríos corren- los barbos remontan aguas arriba para frezar y poner sus huevos, regresando después a los tramos bajos que suelen retener un más elevado nivel de agua. Además, su desarrollo vital y corporal también está adaptado a la estacionalidad de los cauces mediterráneos.

Colmilleja Cobitis paludica. Sabemos que es una hembra por el patrón de manchas circulares del lateral

Meto la red de muestreos y una colmilleja Cobitis paludica, una de las joyas de nuestros ambientes fluviales, es la primera “captura”. Un vistazo, unas fotos, y de nuevo la devuelvo a la charca que constituye su hogar, cada vez más mermado por el azote del sol estival. Esta peculiar especie de cuerpo fino y alargado, casi reptiliano, es un endemismo ibérico cuya boca (disposición inferior y con barbillones o bigotes) delata sus hábitos: se mueve pegada al fondo, detectando entre el fango y la gravilla -mediante sus sensibles terminaciones nerviosas- el detritus, las algas y las larvas de invertebrados de las que se alimenta. Las colmillejas son duras de pelar, pues aguantan en los últimos charquillos hasta que las lluvias y escorrentías vuelven a convertir los resquebrajados lechos en ríos y arroyos “en condiciones”. Ello se debe a su resistencia a condiciones de anoxia, es decir, en pleno verano cuando el oxígeno escasea en las aguas estancadas y calentorras de las pozas. Al parecer, incluso pueden respirar directamente del aire en pequeñas cantidades.


Vista dorsal de colmilleja, endemismo ibérico

Capturo a continuación un calandino Squalius alburnoides, habitante frecuente de los ríos del suroeste ibérico. De talla pequeña, suele formar cardúmenes y presenta una singularidad de lo más curiosa: esta especie endémica de Iberia tiene un origen híbrido, siendo uno de sus parentales desconocido, y el otro el cachuelo S. pyrenaicus. Y otra más: la mayoría de los ejemplares de calandino son calandinas; o sea, hembras. Es decir, la mayoría de la población de este simpático pez sólo necesita encontrarse fugazmente con un macho de cachuelo para poder perpetuarse, además de que si en una poza han quedado 50 ejemplares de calandino y 10 cachuelos, por ejemplo, casi todos los calandinos serán hembras y por tanto pondrán huevos, mientras que de los cachuelos sólo podrían llegar a hacerlo aquellas que fueran hembras. Además de su complicada genética, son capaces de reproducirse de distintos modos, haciendo de este pez uno de los más singulares del mundo. Todo ello les da ventajas a la hora de vivir en ambientes extremos, cambiantes y relativamente fugaces como son las pozas y remansos de nuestros cauces mediterráneos.

Calandino Squalius alburnoides, otro pez exclusivo de la Península Ibérica

Pero entonces, ¿dónde está el drama? Si los ancestros de colmillejas, calandinos, barbos y demás peces continentales del sur ibérico han ido evolucionado desde hace millones de años de modo parejo a la formación y aislamiento de nuestras cuencas fluviales y al clima. Y si presentan estrategias y adaptaciones que les hacen estar plenamente amoldados a las sequías, siendo generalmente capaces de resistir en pozas como en la que yo me encuentro y no sólo puntualmente un año, sino a lo largo de toda su vida (sorprendentemente, son animales de cierta longevidad), ¿cuál es el problema?

Hembra preñada de gambusia, a la espera de "regalarnos" una nueva generación de invasores gambusinos...

Pues la cara B de la historia viene dada porque estos auténticos supervivientes que tengo delante han conseguido resistir a duras penas a la construcción de embalses y la destrucción de hábitat, imposición de barreras físicas y alteraciones del caudal aparejadas; a la disminución de la disponibilidad de agua por las extracciones agrícolas y de consumo; a la contaminación de diversa índole; a las alteraciones de los microhábitats por medio de saca de gravas del lecho del río, tala de arbolado de ribera o creación de diques; y a la depredación natural por parte de martines pescadores, nutrias, cigüeñas negras y garzas reales. Pero ahora, en este caluroso día de finales de verano, se encuentran encerrados en una pequeña poza, en la que el agua escasea, con unos extraños vecinos llegados –de la mano del hombre, una vez más- desde lejanos lugares, quienes nada tienen que ver con los refinados mecanismos evolutivos que han permitido a colmillejas, calandinos o barbos llegar hasta nuestros días.

Es lamentable que esto es lo que salga en la red al sumergirla en un río ibérico...

Da verdadera lástima comprobar cómo, cada vez que alzo la red, vienen en ella más gambusias Gambusia holbrooki y percas soles Lepomis gibbosus que peces autóctonos, mientras por el rabillo del ojo veo a los cangrejos rojos americanos Procambarus clarkii escabullirse bajo las piedras.  Especies exóticas que -al igual que el blacbás, la carpa, el lucio, el alburno o el pez gato- están dando la puntilla a nuestra maltrecha ictiofauna nativa.

Lepomis gibbosus. Aunque sin llegar a los niveles del blacbás, puede considerarse el Míster Distroyer de nuestros ríos... 

Las percas soles son voraces depredadores de huevos, alevines y peces de pequeña talla, además de ser altamente territoriales y capaces de desplazar a muchos de nuestros peces. La gambusia, poco agresiva y de talla pequeña, compite sin embargo por la comida e, imagino, por el oxígeno que cada vez escasea más en las aguas de las pozas conforme avanza el estío. El cangrejo, por su parte, además de rivalizar por el alimento, aumenta la turbidez del agua con sus hábitos excavadores, obstaculizando la entrada de luz necesaria para el crecimiento de las plantas que constituyen el hábitat y parte importante de la dieta de los peces.

Cangrejo rojo americano Procambarus clarkii

Resulta fácil imaginarse a la comunidad de peces de aquella pequeña poza sufriendo bajas día tras día, quedando los efectivos de calandinos, barbos y colmillejas reducidos drásticamente en el momento más vulnerable de su ciclo vital anual. Quién sabe si quizá sólo sobrevivieron hasta el final las percas soles, y si no acabarían muriendo también al llegar el nivel de agua al mínimo y con unas condiciones de anoxia severa para las que no están preparadas, implicando ello un desperdicio de esfuerzo, de energía y de un proceso evolutivo brillante.

Si eres un pez y vives aquí....¿eres o no eres un artista de la supervivencia?


Historias como esta no son, ni muchos menos, algo excepcional del lugar donde me hallaba ese día, sino un fenómeno generalizado en las cuencas ibéricas.  Sirva esta humilde entrada de blog como pequeño homenaje a esos artistas de la supervivencia que son los peces autóctonos. A pesar de que la mayoría son especies exclusivas de la Península Ibérica o incluso de una cuenca determinada, siguen siendo “los hermanitos pobres de los vertebrados” (como escuché recientemente designarlos al ictiólogo J. Ambrosio González Carmona) en lo relativo a su conocimiento, conservación y popularidad. Yo mismo apenas sé cuatro cosas sobre ellos, pero creo que eso no debe ser impedimento para que los valoremos como se merecen y estemos sensibilizados con los numerosos problemas que los están llevando a la desaparición.

NOTA COMPLEMENTARIA: Como añadido posterior a esta entrada me gustaría mostraros el aspecto de este río una vez terminado el voraz estiaje. Es perfectamente apreciable el cambio tan brutal en cuanto a caudal y nivel de agua, bruscas alteraciones a las cuales está adaptada nuestra ictiofauna indígena. Las fotos son de diciembre.


29 de octubre de 2013

Las migraciones de Cádiz (2013)

Imagino que al resto de los mortales no le ocurre, pero si a un pajarero –al menos a uno español– le mencionas "Cádiz" y "septiembre", enseguida aflorará a su mente una palabra: migración. Es lo que tiene el tener a tiro de piedra ese lugar estratégico que es el Estrecho, cuyos mares, campiñas y cerros se cuajan dos veces al año de aves de todo tipo y condición. Tras varias temporadas sin acudir a Tarifa durante la migración postnupcial, este año tocó, así que el motivo de esta entrada es contar un poco cómo se dio la visita el mes pasado a aquellas tierras de viento y luz.


Alimoche casi adulto en plena muda, sobre el observatorio de Cazalla. Foto: Estela Gil

El título de la entrada, en plural, se debe a que aprovechamos el viaje para hacer un ligero desvío y conocer de primera mano un fenómeno que hace un par de años saltó al plató del mundillo ornitológico. Se trata de la migración de una de nuestra zancudas, la espátula común, por las costas del litoral gaditano; concretamente por los acantilados y playas de Chiclana, Conil y Vejer, por donde pasan en gran número, especialmente de finales de julio a primeros de noviembre. Lo interesante es que la mayor parte de estas aves no cruzan por el Estrecho, sino que costean y “se tiran” valientemente desde lugares como Cabo Trafalgar, atravesando una lengua de mar de más de 40 km hasta entrar a África más o menos por Cabo Espartel.


Grupo de temerosas espátulas... finalmente no se animaron a cruzar. Foto: Estela Gil

No hablamos de un puñado de estas bonitas aves, sino de un gran porcentaje de la población europea de las mismas. Ello, junto al imaginado espectáculo visual en un escenario tan atractivo como el litoral gaditano, fue lo que nos animó a Patri, a Estela y a mi desplazarnos a la Torre del Puerco una mañana de comienzos de septiembre, donde nos esperaban Javier Ruiz y Paco Hortas, coordinadores de Limes Platalea, un joven pero ambicioso proyecto que ellos mismos se empeñaron en poner en marcha con el objetivo de contar con rigor y seriedad estas espátulas migrantes que llevaban tiempo detectando desde la toalla en la playa de La Barrosa, para poder así calibrar finamente la magnitud del fenómeno. Y hay que reconocerles que el mérito es grande: han conseguido ponerlo en marcha desde la nada, funcionando de modo independiente y autónomo, pero a la vez contando con los actores del territorio y aglutinando a voluntarios, amigos y simpatizantes que día a día hacen los conteos desde las privilegiadas e históricas atalayas del litoral.

Islote y castillo de Sancti Petri. Foto: Estela Gil

Además de atendernos fenomenalmente bien, Javier y Paco nos detallaron algunos de sus progresos y nos explicaron el por qué de la importancia del proyecto Limes Platalea. Y es que aquello que parecía un proyecto de voluntariado más, se ha convertido en un referente y ha conseguido algo bastante difícil a estas alturas en nuestro continente: hacer lo que ellos llaman “ornitología descriptiva”. Es decir, aprehender y dar a conocer un evento de tal magnitud como es la ruta migratoria de una especie de cierta envergadura y talla, en la Europa del siglo XXI.

Vistas desde el observatorio de Torre Bermeja

Echamos una mañana muy agradable, tanto en la Torre del Puerco como en Torre Bermeja, donde estuvimos también con José Antonio Haro y Rosario. Desde allí se goza de una fantástica panorámica del castillo de Sancti Petri en su islote. De lo que no pudimos disfrutar fue del paso de las espátulas, pues el día presentó condiciones adversas para ellas y tan sólo un bando de 21 pájaros intentó, sin conseguirlo, lanzarse al mar. Eso sí, al día siguiente se superaron las 1.200 aves en seis horas, y de hecho esta temporada los “atalayeros espatuleros” tuvieron un día con casi 1.900 espátulas en migración activa. Debe ser una pasada, así que no nos quedará más remedio que repetir el año que viene para intentar pillar un día bueno…. Desde aquí nuestro agradecimiento para todos los miembros de Limes Platalea, y especialmente a Javier y Paco por lo bien que nos trataron esa mañana. Os animo a conocer más sobre este proyecto en su blog: http://limesplatalea.blogspot.com.es/


Con los amigos de Limes Platalea. Foto: Estela Gil
Ya al mediodía enfilamos rumbo al Estrecho, donde pasamos el resto de los días junto a Iván y Maru. Allí combinamos la permanencia en los observatorios, que estaban la mar de concurridos, con el pajareo por otros lugares. Así, por el Valle del Santuario de la Luz tuvimos encuentros con martines pescadores, cernícalos vulgares o curiosos grupitos de oropéndolas (hasta 14 juntas).



Valle del Santuario


Montaje de fotos de dos oropéndolas y del grupo metido en un eucalipto. Fotos: Estela Gil
Los observatorios del Estrecho sirven en septiembre, además de para disfrutar del grandioso espectáculo de la migración de planeadoras, para hacer vida social pajarera…. Cosa que de vez en cuando viene bien y agradecemos los que vivimos habitualmente en solitario nuestras jornadas ornitológicas. Se conoce gente nueva y se reencuentra uno con viejos conocidos a los que hace tiempo que no ve. Eso sí, tiene el peligro de distraerse con la charla cuando se debe estar viendo pájaros, por lo que en toda conversación entre ornitólogos no faltan nunca las miradas furtivas al cielo...
 
Observatorio de Tarifa-Cazalla, hasta los mochos de pajareros...Alegría!


Cambiando de posición para poder seguir viendo a un joven de perdicera... Foto: Estela Gil
 

Cigüeñas blancas y negras, alimoches, aguiluchos laguneros y cenizos, culebreras, águilas calzadas, gavilanes, abejeros, milanos negros y algún águila pescadora se dejaron ver por los miradores de Cazalla y Algarrobo antes de cruzar al Moro. Lamentablemente, como hizo demasiado buen tiempo (poco viento), la mayoría de los animales volaban muy altos…


Grupo de cigüeñas blancas. Foto: Estela Gil

Entre los pequeños, percibimos paso de golondrinas comunes y dáuricas, aviones comunes, vencejos reales y comunes, abejarucos, abubillas, etcétera. En los pastos  del Paraje Natural Playa de Los Lances registramos, por la mañana, collalbas grises, terreras comunes, bisbitas campestres, tarabillas norteñas y lavanderas boyeras, además de las gaviotas de Audouin, charranes patinegros, charrancitos y correlimos tridáctilos del humedal.



Observatorio de la playa de Los Lances

También tuvimos la oportunidad de ver varios ejemplares jóvenes de águila imperial y perdicera, así como un halcón peregrino y un azor, mientras oteábamos desde los miradores. Siempre son avistamientos que alegran la jornada, especialmente si caen en los ratos en que el paso está parado o muy flojo.

Águila imperial, joven del año. Foto: Estela Gil

Uno de los momentos más guapos lo tuvimos en el observatorio de Tráfico (Punta Camorro), un atardecer con bonita luz en el que una manada de al menos 200 delfines listados –probablemente fueran más– se desplazaba ante nuestros oculares, algunos de ellos saltando por completo fuera del agua. Se ve que toparon con algún banco de peces apetecibles, montándonos una escena de caza con la que flipamos, pues a ellos se unió una cohorte de alcatraces, gaviotas patiamarillas y pardelas cenicientas.

El Estrecho y Jbel Musa desde Punta Camorro

En Tarifa hay, desde hace unos meses, una familia de bulbules naranjeros que han atraído ya a pajareros de todos los confines del continente y que han tenido incluso su minuto de gloria en la prensa. No en vano, es la primera vez que esta especie africana se ha reproducido en Europa, aunque es relativamente común al otro lado del Estrecho. Álex Colorado nos llevó una tarde a intentar verlos, pero no tuvimos suerte. Otra mañana lo intentamos con Yeray Seminario, tras su aviso vía wasa de que los estaba viendo, y allí la fortuna fue dispar: todos pudimos escucharlos pero sólo uno de nosotros tuvo la suerte de ver a un ejemplar posado en el interior de un árbol (casualmente fui yo el suertudo…).


Culebrera en pleno cernido. Foto: Estela Gil

El fin de fiesta tuvo lugar, como suele ser habitual, en la cubeta de la antigua laguna de La Janda. Allí añadimos al cuaderno de campo varios elanios, combatientes, agachadizas comunes, andarríos bastardos, garcillas cangrejeras, martinetes, moritos, garzas imperiales, faisanes o gorriones morunos. Salimos por Benalup y la presa del Barbate, que siempre me trae muy buenos recuerdos de la temporada que estuve trabajando allí, poniendo rumbo a Huelva y punto y final a la visita de rigor a la migración en Cádiz. O, más bien, a las migraciones.


Par de andarríos bastardos. Foto: Estela Gil

29 de septiembre de 2013

Festivales del águila imperial en Sierra Morena

 
Como algunos seguidores de esta ciberpaginucha sabéis, durante la semana que hoy acaba se celebró en Montoro el "Festival del Águila Imperial", que organizan SEO/Birdlife y Fundación Biodiversidad a través del programa Alzando el Vuelo en las regiones con presencia de la especie. Como desde ADIT-Sierra Morena y el Proyecto Aves de Sierra Morena hemos colaborado en la organización, pasé gran parte de la semana en ese bonito pueblo cordobés.
 
Montaje de distintas fotos de una de las águilas imperiales adultas que vimos en Sierra Morena
 
 Pero hoy no quiero hablar de gente ni de actos, sino de bichos. Por eso os contaré cómo se dio el “otro” festival del águila imperial…. El que viví con mi compi Nicasio el lunes tras terminar el acto de presentación del Festival. La cosa no pudo empezar mejor, ya que saliendo por la puerta del instituto Santos Isasa reparé en que teníamos sobre nuestras cabezas un pájaro cicleando…. Era nada menos que un alimoche adulto, que parecía entretenerse en la contemplación de Montoro y del meandro del Guadalquivir (Monumento Natural protegido) desde los aires antes de proseguir su periplo migratorio.
 
Embalse del Arenoso, cola del arroyo Arenosillo. Sierra de Montoro

Enfilamos la subida a la Sierra de Montoro, entre paisajes que se muestran aún plenamente veraniegos pero no por ello con poca vida. Un grupo nutrido de abejarucos pasó cerca de nosotros (¿serán mis últimos del año?), las currucas cabecinegras matraqueaban en los retazos de jara, algunos banditos de perdices apeonaban junto al camino y desde los olivares nos llegaba el reclamo otoñal del carbonero común.
 
Paisaje del LIC "Suroeste de la Sierra de Cardeña-Montoro"

En una nueva parada escuchamos un par de ciervos que no vimos por hallarse escondidos en un pinar, a la par que un ratonero sobrevolaba la zona. Sin embargo, el gran momento iba a llegar en el siguiente alto, donde nos entretuvimos unos tres cuartos de hora…. Y es que comenzamos viendo roscas de buitres leonados, pero al poco un familiar cac-cac-cac (que en esta ocasión no procedía de mi móvil…) nos hizo levantar la vista al cielo. Como estaba raso y azul, nos costó dar con la protagonista, pero finalmente ahí estaba: un águila imperial adulta picaba, cantaba y hacía escorados loopings en el aire, enfrascada en pleno celo otoñal o "falso celo". Aunque no llegó a ponerse muy cerca, la buena luz nos permitió deleitarnos con su negro plumaje y con las hombreras que caracterizan a este plumaje de la especie.
 
Los ciervos se encuentran ahora en plena berrea en Sierra Morena
Al rato la perdimos, si bien enseguida flipamos con su prima el águila real, ya que un ejemplar subadulto salió como de la nada casi delante de nuestras narices, remontando una corriente térmica a muy corta distancia y dejándose guipar con todo lujo de detalles…  Tras subir lo suficiente, se lanzó rumbo sur hacia los cerros cuajados de olivos del pie de la sierra, o quizá hacia la campiña, imagino que en busca de algún conejo que echarse al buche.
 
Valle del río Arenoso, en las estribaciones del P.N. Sierra de Cardeña-Montoro

Lo siguiente que vimos fue un leonado relativamente cercano que desplegaba sus patas. Se presentía la bajada a tierra, así que lo seguimos hasta que, efectivamente, se echó al suelo…pero tras una lomita, con lo cual no pudimos echarle el ojo a la carroñada que se estaba fraguando en aquellos parajes de la cuenca del arroyo Arenosillo. Sin embargo, sí que aparecieron dos buitres negros que nos deleitaron con su manera totalmente diferente de retratarse en la bajada a tierra: en lugar de desplegar las patas, esta especie levanta la cola, adquiriendo una característica postura a la vez que el animal va perdiendo altura.
 
La perdiz roja es uno de los grandes protagonistas alados de Sierra Morena

 Y de nuevo un cacareo. Otra vez a buscar en el cielo raso hasta dar con su emisor. Lo agudo del tono ya revelaba que esta imperial no sería un adulto; de hecho, resultó ser un damero muy guapo que se enseñoreaba sobre los montes de pinos y encinas, también con comportamiento de marcaje. En un momento dado, el adulto reapareció y los tuvimos juntos en el ocular del telescopio. ¡Todo un lujo!
 
Águila imperial con plumaje "damero"

Continuando la ruta llegó el turno de protagonismo para los ciervos, que a pesar de la canícula del mediodía berreaban por doquier en barrancos, bosques y dehesas. Vimos un buen macho rebozado en barro tras haberse dado un refrescante baño, unas cuantas ciervas y un águila calzada antes de encajarnos en Cardeña, pueblo vecino en el que repostamos a base del exquisito lechón de la tierra…. Y vuelta al campo después.
 
Un rincón de la Sierra de Andújar en un atardecer de final de verano

La recta final del día la vivimos en la Sierra de Andújar, vecino espacio natural en donde continuó el festival de águilas imperiales, en esta ocasión con un adulto muy cercano al que le vimos hasta las garras, bañado por una luz de caramelo… Y como colofón, la lista de plumajes se incrementó con un joven de este año, un pollo remolón que parece aún andar por su territorio sin ganas de emanciparse. A este también lo vimos muy bien durante largo rato.
 
Uno de los numerosos ciervos de los que disfrutamos el otro día en Sierra Morena centro-oriental

En estos días los venados se encuentran en el punto álgido de su época de celo, y por ello braman y berrean por doquier y a todas horas. No obstante es al atardecer cuando se activan más, momento en el cual los llegamos a tener muy cerca, viéndolos perseguirse, rascarse la cuerna en las bajeras de los acebuches, y gargantear como descosidos para hacer llegar su potente voz a lo más recóndito del valle.
 
Bramando de amor.....

Antes de irnos aún dio tiempo a degustar un jugoso plato ornitológico en forma de pollo del año de azor, cosa que no se ve todos los días. Me pasó por lo alto a corta distancia, como un rato antes lo habían hecho un águila calzada y una pareja de chovas piquirrojas. Varias decenas de golondrinas dáuricas se concentraron en una vaguada, poniendo punto y final a esta interesante jornada de campeo por Sierra Morena en los estertores del verano.

22 de agosto de 2013

25 años de BirdFair (¡y nosotros allí!)



Veinticinco años. Nada más y nada menos. Los que nos vemos o nos hemos visto envueltos en la organización de eventos abiertos al público sabemos –aunque sean infinitamente más modestos que la British Birdwatching Fair- lo complicado que es prepararlo todo, lo que es cruzar los dedos para que salga bien, lo fundamental que resulta que los asistentes estén a gusto y cumplan sus expectativas, y que todo se desarrolle conforme al plan previsto. Pues imaginad llevar eso a cabo, pero 25 años seguidos….
 
 
De ahí el mérito que hay que reconocer a los organizadores de la mayor muestra mundial de turismo ornitológico, con Tim Appleton a la cabeza. Y es que la Birdfair de este 2013, celebrada la semana pasada en –como siempre- la Rutland Water Nature Reserve, ha salido a pedir de boca y sin ningún incidente o pega que objetar.
 
 
Por segundo año consecutivo hemos acudido (ADIT-Sierra Morena) a representar a nuestro territorio, para seguir dando a conocer las aves de Sierra Morena y los productos y paquetes turístico-ornitológicos que actualmente intentan comercializar las empresas locales de la Red MITO. Y también a vender los paquetes ya elaborados que los miembros de esta Red nos hicieron llegar o bien llevaron ellos mismos.
 
 
En este sentido, este año hemos contado con la presencia in situ de dos empresas: la cordobesa Alpasín, de Adamuz, a la que le ha ido muy bien vendiendo sus sesiones de hides fotográficos y que en apenas tres semanas recibirá a los primeros clientes “guiris” captados en la Birdfair, dispuestos a inmortalizar en sus cámaras a algunas de nuestras joyas como el águila imperial ibérica, el buitre negro o el búho real.
 
 
 
 
 
 
 
 Los jiennenses Iberian Lynx Land, con sede en Andújar, han estado ofertando tours de avistamiento y fotografía de lince en fincas privadas, novedoso producto del que son pioneros, pues son la única empresa que cuenta con los permisos pertinentes para ello. Ha habido mucho interés, tanto por parte de particulares como –y esperemos que esto sea lo más jugoso- de touroperadores y compañías de birding trips.
 
 
 
Otro hito de interés fue nuestra participación en una cena de trabajo convocada y organizada por la oficina británica de Turespaña, a la que tuve la oportunidad de asistir para representar a Andalucía junto al veterano Beltrán de Ceballos, uno de los rostros más conocidos de la Feria y sin duda uno de los mejores embajadores de nuestra tierra entre los birders de Reino Unido. Y que, dicho sea de paso, andaba tratando exitosamente de conseguir patrocinadores y apoyos para la feria ornitológica que quiere celebrar la próxima primavera en Doñana.
 
 
 
 
 
 
En dicho encuentro, los representantes de las distintas Comunidades Autónomas (Aragón, Extremadura, Castilla y León, Cataluña, Navarra, Madrid y Andalucía) pudimos departir entre nosotros y con periodistas ornitológicos y ambientales de UK, gerentes de empresas del sector y los cargos de Turespaña.
 
Los técnicos de Sierra Morena hemos estado radicados en el stand de Andalucía, compartiendo su nueva estética y espacio con gente de Málaga, la Serranía de Ronda, Almería y Doñana; en buen ambiente hemos hecho un buen trabajo, o al menos ese es mi balance, promocionando nuestros respectivos destinos y a Andalucía en general, siempre con las aves en el epicentro de nuestras propuestas.
 
Esta feria de muestras es enorme, así que apenas ha dado tiempo a visitar todas las carpas (ocho, más las de merchandising y charlas) con la calma que hubiéramos deseado. Eso sí, el último día fuimos por los stands regalando ejemplares de la versión inglesa de nuestra colección de libros Birding and Nature Trails in Sierra Morena al staff de las distintas ONG y asociaciones locales, así como a bastantes voluntarios que trabajan desinteresadamente para hacer posible que la feria sea todo un éxito.
 
 
 
 
 
 
En el plano personal, puedo decir que pone nervioso visitar esos escaparates que te trasladan a destinos tan exóticos como Malasia, Omán, Australia, Nueva Zelanda, Ecuador, Uganda, Colombia, Pakistán, Perú o la isla de Christmas, por poner algunos ejemplos…. Te paras a charlar con los compañeros que venden estos destinos y enseguida afloran imágenes de aves soñadas, de paisajes remotos y salvajes que están esperando ahí, a que consigamos reunir el tiempo y el dinero suficiente para ir a conocerlos…..
 
 
 
Yo ya tengo la vista puesta en un gran destino para el próximo viaje ornitológico, en el que espero poder vivir nuevas experiencias y tener fascinantes encuentros con pájaros, plantas y animales de todo tipo, contribuyendo a la vez a la conservación de los mismos consumiendo ecoturismo responsable. Sólo así es posible mantener y seguir viendo crecer a esta verdadera industria sostenible que es el birdwatching.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...