[Las fotografías de paisajes y de fauna que aparecen en este Blog (realizadas mediante la técnica del cutrescoping) y los textos que las acompañan están hechos por mi, a menos que se diga lo contrario.

Puedes utilizar las imágenes y hacer referencia a los textos libremente, pero siempre citando la fuente y al autor. Gracias]


Latido Jondo

Cerradas manchas de monte en las sierras de Andújar... apreturas y riscales en Despeñaperros... soledades boscosas y remotas en Hornachuelos... cantos de colirrojo real en los frescos castañares en la Sierra de Aracena... ríos que serpentean entre hondos barrancos cordobeses... robledales donde termina Andalucía... el morir alomado y llano de la Sierra en el extremo norte de Sevilla... bellotas que se caen de las encinas... callejas de pueblos blancos donde cantan las golondrinas... olor a pasto mojado cuando suena la berrea... cigüeñas negras sobre el murmullo de las aguas... bruscos picados de águilas reales... croar de sapos y ranitas en la noche... chillidos de matanza en las frías mañana de invierno... el paso elástico del lince bajo la valla... manto florido de dehesas en primavera.... agostaero de pastos en verano...

Si yo fuera bicho, Sierra Morena sería mi área de campeo. En este blog pretendo compartir con vosotros algunos de los momentos camperos que vivo tanto en esta zona -a retazos salvaje y honda, a retazos domesticada y suave- de Andalucía como en otros variopintos parajes naturales, a veces alejados de la Sierra pero que también forman parte de mi área de dispersión....o a los cuales llego con carácter divagante o accidental....


Bienvenidos!

22 de agosto de 2011

Sierra Morena Deluxe: OXYGASTRA CURTISII


 Inevitablemente, cuando empiezas a meterte en uno de esos submundillos que forman parte de nuestra Biodiversidad tratas de conocer los ingredientes que lo forman, y enseguida te quedas con la copla de cuáles son los más selectos. Eso me pasó cuando empecé a interesarme por los odonatos; o sea, los caballitos del diablo y libélulas “de toda la vida”. Lees, consultas, buscas información, miras fotos... Y Oxygastra curtisii se me grabó pronto en la memoria, tanto por lo llamativo del bicho como por lo sonante de su nombre, además de por su reducida área de distribución mundial. Pero claro, obviamente no iba a empezar por el tejado (no está hecha la miel pa la boca del cochino), así que empecé a buscar, aprender y disfrutar de las especies más frecuentes y comunes.


Mi primera Oxygastra curtisii, fotografiada con cutreprismiscoping en la sierra de Hornachuelos

Oxygastra curtisii es una de las poquísimas especies de odonatos que forman parte del Catálogo Nacional de Especies Amenazadas. Se encuentra actualmente en la categoría de “Vulnerable”, y su situación no es muy halagüeña –especialmente en el Sur ibérico-, porque ocupa tramos medios y bajos de ríos permanentes bien conservados, con aguas lentas, limpias y abundante vegetación de ribera combinada con claros. Casi ná…

Uno de los arroyos donde vive Oxygastra curtisii en Sierra Morena, justo tras unas copiosas lluvias

 En Andalucía la especie está citada en todas las provincias occidentales y en Jaén, aunque las cita de Huelva es antigua. El principal núcleo de población se halla en los ríos de Los Alcornocales-Sierra de Grazalema, pero en Sierra Morena también es conocida en varias localidades. El año pasado, mientras trabajaba por un arroyo precioso de la sierra de Hornachuelos, me topé con una libélula mediana, de apariencia oscura metalizada y que no paraba de patrullar de arriba a abajo un pequeño tramo del solysombra de la ribera. Traté de verla bien con paciencia, cosa que logré cuando al fin se posó. Así fue como esta preciosidad llegó por primera vez a mis ojos, y comprobé que sus tonos verdes y amarillos ganan en las distancias cortas. La emoción fue doble, pues ni siquiera iba buscándola, ya que no sabía que justo ésa era una de sus localidades actuales.

Otro odonato espectacular, frecuente en arroyos rocosos de Sierra Morena:
Onychogomphus forcipatus ssp. unguiculatus

 Esa mañana de principios de mayo disfruté de varios ejemplares, vecinos de otras bellezas como Onychogomphus forcipatus, Cordulegaster boltonii o Calopteryx haemorrhoidalis. Un mes y pico después me la topé de nuevo, esa vez a orillas del Bembézar, también en el P.N. Sierra de Hornachuelos. Y es que en el sector central de la Sierra es donde se encuentra la mayoría de sus efectivos, pues la rivera de Ciudadeja (P.N. Sierra Norte de Sevilla) es la otra localidad con población conocida actual. Hay citas más o menos antiguas de otros lugares de la Sierra Morena sevillana y cordobesa, pero por desgracia en los últimos años no se le ha encontrado en ellos, o al menos eso refleja la bibliografía. Esto hace ver la situación desfavorable que atraviesa, motivada por factores de amenaza como la construcción de presas, las extracciones de agua, la contaminación de las mismas o las alteraciones en el nivel de los cauces.
  
 Ello debe hacernos valorar aún más los escasos encuentros con esta bonita especie, casi exclusiva de la Península y Francia. Una más de las joyas con las que cuenta Sierra Morena.

9 de agosto de 2011

Las grandes cazadoras del Estrecho

Llevaba varios años intentando hacer una salida para ver orcas Orcinus orca en el Estrecho pero siempre se chafaba el plan, bien por falta de tiempo, por ausencia de las susodichas en el área, por temporales de levante, etc. Pero este año la cosa prometía y parecía factible, así que reservamos viaje con Turmares para el sábado 6 de agosto. El día de antes recibí un correo al foro de la Red Andaluza de Observadores de Aves, enviado por Álvaro Díaz de Madrid, proponiendo un viaje a las orcas pero en un velero, en vez de barco a motor, sólo para 10 personas como máximo (serían pajareros), con una hora más que los viajes habituales y por un precio sólo algo superior. La cosa pintaba tan bien que apenas nos los pensamos.

Tripulación a bordo del Aroha Rahi

Así fue como el sábado a las 14:30 zarpábamos del puerto de Tarifa a bordo del Aroha Rahi un grupo de 7 personas más el capitán, Pepe, y la grumete, Paqui. Ellos, además de ser grandes y agradables profesionales, demostraron ser personas generosas, de modo que la visita duró casi 6 horas en lugar de 4. Claro que la cosa no fue para menos…

Paíño de Wilson Oceanites oceanicus, en aguas del Estrecho (Foto: José Juan Díaz)

A pocos km del puerto empezamos a avistar paíños. Muchos se vieron lejos y en malas condiciones, así que no nos quisimos tirar a la piscina identificándolos como paíños de Wilson, a pesar de que estábamos alertados de que llevaban más de una semana observándose en estas aguas. Yo, al menos, no tenía experiencia con esta especie, aunque sí varios de los compañeros de viaje. Pero poco a poco se fueron dejando ver mejor y más de cerca, lo cual era lógico porque había decenas de ellos. Así fue como pudimos confirmar que se trataba, en su mayoría, de paíños de Wilson Oceanites oceanicus, un puntazo y boroña para mi!


Mamá Orca con su cría. Al fondo Tánger (Marruecos)

En cualquier caso, la atención que empezamos prestando a las aves se fue disolviendo conforme nos aproximábamos a la zona donde supuestamente debían estar las orcas. Los pasajeros de los barcos de avistamiento “normales” las habían estado observando un rato antes, pero por una confusión nos desplazamos en otra dirección. La cosa empezó a ponerse fea, pues el tiempo se agotaba. Ya casi in extremis el patrón decidió ir a buscarlas a pelo, así que nos pidió que estuviéramos atentos al mínimo soplo que se elevara sobre el nivel de las aguas… hubo ratos en que no se oía casi ni la respiración, con todo el personal escudriñando palmo a palmo el mar. Ni siquiera se cantaban los paíños que pasaban cerca del velero…

 Orca zambulléndose muy cerca de la borda

Y cuando ya a más de uno nos asaltaba la desesperanza, Diego gritó “¡ALLÍ ALLÍ!”. 18 ojos miraron de golpe, y pudimos ver varios soplos, y después algunas aletas. La euforia nos ganó, y durante unos minutos estuvimos viendo a las orcas lejillos, entrando y saliendo del agua, resoplando y sacando la aleta, que en el caso del macho era bestial, pienso que más alta que yo. Al parecer se trata de la manada de Camacho, una de las 3 ó 4 que se alimentan en el Estrecho cada año. Se sumergieron y de nuevo llegó la incertidumbre.

Bicharraca emergiendo ante nuestros atónitos ojos

Al tiempo las vimos salir justo al lado contrario, con el fondo de la moruna Tánger. ¡Nos habían pasado al lado! Tras otro rato, sin esperarlo nos vimos rodeados por estos espectaculares bicharracos. Vimos al macho de nuevo, incluso sacando la cola, pero enseguida se retiró. Se quedaron unos 5-6 bichos de “menor tamaño” (pero vamos, acojonaban casi lo mismo) y al menos una cría que, contra todo pronóstico, se pusieron a nadar por debajo del barco, mostrando las manchas blancas de su espectacular librea. Las tuvimos a escasos metros, se escuchaban sus soplos e incluso parecían jugar con el pequeño bote salvavidas…

A algunas parecía gustarles (o no) el bote salvavidas

No sé cuánto tiempo duró la observación, quizá 20 minutos, pero fueron muy intensos, pues cada vez que asomaba alguna o se le veía bucear bajo las transparentes aguas se nos subían las pulsaciones. Sin duda, una de las grandes experiencias naturalistas para muchos de nosotros, de esas que por mucho que las leas o te las cuenten, no se conocen en su verdadera magnitud hasta que se viven en primera persona.

Las tuvimos muy cerca!

Cuando ellas decidieron que ya era bastante se retiraron, y nosotros retornamos a puerto. Entre la agradable charla hubo también tiempo para buscar paíños, de modo que estimo que no vimos menos de 60 wilsons, si bien muy probablemente hubiera más del centenar largo. Un par de págalos grande, algunas pardelas cenicientas y una balear fueron los otros pocos pájaros que se anotaron.

Aquí un ejemplar pasando por debajo del barco

En resumen, fue una grata experiencia que no puedo dejar de recomendar a cualquier amante de la Naturaleza. Compartimos grupo Fernando Guerrero, Jennifer Mompart, Diego Llorente, José Ramón Martín, el amigo gocero José Antonio López (JAL, una alegría reencontrarme contigo), Patri y yo, además de Pepe y Paqui. En las cervecitas posteriores se comentaron detalles y se compartieron experiencias, siendo el broche a una de mis mejores jornadas camperas de los últimos tiempos.


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