[Las fotografías de paisajes y de fauna que aparecen en este Blog (realizadas mediante la técnica del cutrescoping) y los textos que las acompañan están hechos por mi, a menos que se diga lo contrario.

Puedes utilizar las imágenes y hacer referencia a los textos libremente, pero siempre citando la fuente y al autor. Gracias]


Latido Jondo

Cerradas manchas de monte en las sierras de Andújar... apreturas y riscales en Despeñaperros... soledades boscosas y remotas en Hornachuelos... cantos de colirrojo real en los frescos castañares en la Sierra de Aracena... ríos que serpentean entre hondos barrancos cordobeses... robledales donde termina Andalucía... el morir alomado y llano de la Sierra en el extremo norte de Sevilla... bellotas que se caen de las encinas... callejas de pueblos blancos donde cantan las golondrinas... olor a pasto mojado cuando suena la berrea... cigüeñas negras sobre el murmullo de las aguas... bruscos picados de águilas reales... croar de sapos y ranitas en la noche... chillidos de matanza en las frías mañana de invierno... el paso elástico del lince bajo la valla... manto florido de dehesas en primavera.... agostaero de pastos en verano...

Si yo fuera bicho, Sierra Morena sería mi área de campeo. En este blog pretendo compartir con vosotros algunos de los momentos camperos que vivo tanto en esta zona -a retazos salvaje y honda, a retazos domesticada y suave- de Andalucía como en otros variopintos parajes naturales, a veces alejados de la Sierra pero que también forman parte de mi área de dispersión....o a los cuales llego con carácter divagante o accidental....


Bienvenidos!

27 de marzo de 2011

Bichos por tos laos...

El año pasado me preguntó un colega, que sabe que ando trabajando también por Jaén, qué tal se me estaba dando la cosa por allí. Mi respuesta fue algo así como “impresionante tío, bichos por tos laos”.

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El naturalista que patea montes, ríos y campos por la porción de Sierra Morena que queda dentro de esta provincia oriental andaluza, se da cuenta enseguida de que la vida late allí con mucha fuerza –casi desbordada en muchos casos, podríamos decir-, y prácticamente va engarzando un momento intenso de bicheo con otro. Esta semana pasada la he pasado en esta fascinante comarca, en gran parte salvaje y hostil para la vida humana, y en otra (la zona sur) domesticada y muy transformada para dar cabida a los usos agrícolas, muy especialmente a los olivares que producen ese aceite de tanto renombre. He estado unos días bicheando de sol a sol por zonas de la sierra de Andújar, montes del Rumblar, sierras de El Centenillo y dehesas de La Carolina, Campiña Norte y un poco de Despeñaperros. Y como le dije a mi amigo: bichos por tos laos

Unos días en estas fechas de primavera en Sierra Morena de Jaén dan, por ejemplo, para comprobar que acaban de llegar los abejarucos, cómo los ruiseñores comunes han tomado ya bardales y riberas al modo en que los alcaudones comunes lo han hecho con las dehesas, cómo el autillo hace sonar su flauta desde lo alto de árboles solitarios, cómo culebreras y águilas calzadas patrullan los aires emitiendo sus voces de amor, cómo san José le ha dado la voz el cuco, o cómo las primeras currucas mirlonas ya hacen sonar su ronca sirena desde las copas de los chaparros.

Son éstas unas anotaciones de interés fenológico primaveral que los pajareros transcribimos con todo cuidado en nuestros cuadernos de campo. Pero no son los únicos datos referenciados en el tiempo que merecen nuestro detenimiento. Unos días en estas fechas de primavera en Sierra Morena de Jaén dan también para comprobar que aún son muchos los lúganos que permanecen en nuestras alisedas y fresnedas, emitiendo con insistencia su curioso y chirriante canto; o para levantar zorzales comunes a nuestro paso, aún remolones al tibio abrigo del matorral mediterráneo; o para advertir que bisbitas comunes, mosquiteros comunes y colirrojos tizones también se están haciendo los despistados ante la llamada a filas que les hacen ya desde sus norteños cuarteles de reproducción.

Unos días en Sierra Morena de Jaén en estas jornadas de inicio de la estación de la vida permiten asimismo tomarle el pulso a la migración, al menos a la de aquellas especies que tienen la deferencia de picar su billete migratorio al pasar por estas tierras, para que podamos fichar su paso por estos lares. Así lo hacen los banditos de vencejos reales que vuelan a toda prisa, o aquella hembra de aguilucho cenizo que remontaba el collado que le franqueó el paso a la meseta castellana, o los grupos de milanos negros que gotean por los cielos, o la pequeña hermandad de flamencos que buscaba resguardo en una curva del río, o los mosquiteros musicales que regalan nuestros oídos con su telaraña de sonidos, o los papialbos que ponen sus alegres notas sonoras en el encinar, o el águila pescadora que brevemente se asienta en el embalse antes de retomar su periplo viajero…

Unos días en Sierra Morena de Jaén dan también para llenarnos la vista con la floración del romero, en pleno apogeo estos días, o con la de los brezos en algunas manchas de monte. Y para detenerse en las flores de ese tono rosa alegre y casi liviano de la estepa blanca, para descubrir algunos narcisos o para gozar con las sofisticadas formas de las flores de varias especies de orquídeas. O para quedarse boquiabierto al caminar bajo un tupido bosque de enormes labiérnagos prietos Phillyrea latifolia de más de 10-15 metros de altura o al toparse con algunos viejos alcornoques jamás descorchados, gracias a los cuales nos podemos hacer una idea del raro aspecto que tomaría este fantástico árbol si el hombre no extrajera cada nueve años su acorchado vestido. También son muchas otras las florecillas que alegran el caminar del paseante, con mucha frecuencia portando entre sus pétalos a diminutos polizones del país de los insectos o los arácnidos, mientras arriba, en las altas umbrías, los pequeños rodales de robles melojos aún se mecen desnudos al compás de los vientos.

Unos días en Sierra Morena de Jaén dan para disfrutar de muchos de sus habitantes de mayor pedigrí. Como el águila imperial, que en algunas áreas llega a ser bastante común, lo que permite avistar cuatro o cinco ejemplares distintos a lo largo de una jornada. O el águila real, a la que casi podríamos tildar de abundante en la Sierra sin caer en la exageración, y que estos días ya ha vuelto a su habitual silencio y debe andar enfrascada en plena incubación. O el buitre negro, como aquella parejita a la que pude ver bajando a tierra y haciéndose carantoñas en lo más alto de una ladera. O a los misteriosos azores, que están en pleno celo y salen del bosque para sobrevolarlo haciendo aflorar plumas blancas por el lateral de la cola, trazando unos círculos y haciendo algunas piruetas aéreas antes de perderse de nuevo entre la espesura. Los que también salen a veces de sus recónditos –y, en este caso, rocosos- escondrijos son los búhos reales, y así pude pillar la otra tarde a uno tomando el sol en el resquicio de un cortado.

Unos días en Sierra Morena de Jaén permiten también tomar el pulso a la vida amorosa de las cigüeñas negras, a finales de marzo plenamente entregada a marcajes territoriales y cortejos; en estas fechas pierden algo su timidez, no mucho pero lo justo como para poderlas disfrutar con sus vuelos concéntricos en los que abren la cola en abanico, mostrando las infracoberteras caudales que les dan un aspecto coliblanco, a la par que descuelgan sus patas rondando el que será el lugar de ubicación de su nido esta temporada. Claro que el hacerse tan evidente puede tener peligrosos efectos colaterales, como ser atacada por el veloz picado de una joven águila perdicera (miss mala leche ornitológica)… quiebro en el último minuto y la Dama Negra esquiva a tan pendenciera visitante, permitiendo escuchar el seco zumbido de las plumas contra el viento.

También puede el naturalista reparar en que el mundo de los córvidos serranos se halla totalmente revuelto, con los mafiosos críalos hostigando a las urracas y provocando indignadas persecuciones por parte de estas y de sus primos los rabilargos. O descubrir el blanco cernido del elanio en las dehesas del pie de la sierra, en busca de ratones, insectos o topillos que echarse al buche. O conocer a algunos de los más raros habitantes de toda la cordillera mariana, como el pájaro moscón, el halcón peregrino o el aguilucho lagunero occidental. O de que llegue a sus oídos el escatológico canto de amor del sisón, la alegría canora de la calandria o la áspera llamada del cernícalo primilla.

Pero unos días en Sierra Morena de Jaén en estas fechas dan también para ver a los primeros lagartos ocelados de la temporada, que al barruntarnos correrán alocadamente para alejarse del borde del camino; o a las primeras lagartijas ibéricas y colilargas, que a partir de ahora serán escamosas compañeras en muchos de nuestros paseos. O para advertir que los galápagos leprosos son ya legión –afortunadamente- en nuestros ríos y arroyos, acompañados por las cada vez más abundantes ranas comunes. O para sorprender a los machos de la abundante ranita meridional hinchando sus sacos vocales y formando escandalosos coros cada anochecer. O para descubrir que aquellas ristras negras de pequeños huevos de hace unas semanas, son hoy renacuajos de sapo corredor de color azabache, enfrentados a la contrarreloj de continuar con su ciclo biológico en unos charcos cada vez más menguados. O para que llegue a nuestros oídos el canto del sapo común, sonido que no resulta fácil escuchar, dado el por lo general silencioso carácter de este personaje, al que quizá nos topemos en nuestro caminar en algún día fresco de estas semanas.

Unos días en Sierra Morena de Jaén dan también para sentir fríos amaneceres y contemplar llamativos atardeceres, o para hallar algunos preciosos rincones en los que el agua es protagonista en esta lluviosa temporada.

Pero unos días en Sierra Morena de Jaén hacen también las delicias del “amante de las piedras”, de la Historia y del Arte, pues en plena Naturaleza es posible encontrar restos de de poblados iberos invadidos por enebros y encinas, fragmentos de calzadas romanas, abandonados poblados mineros o pinturas rupestres con milenios de antigüedad, ejemplos todos de lo arriscados que eran los primitivos pobladores de estas tierras.

Unos días en Sierra Morena de Jaén sirven también para continuar aprendiendo sobre lepidópteros diurnos y poder anotar en nuestros cuadernos a preciosidades como Zerynthia rumina, Callophrys rubi, Vanessa atalanta o machos de Anthocharis cardamines.

Unos días en Sierra Morena de Jaén dan también para reparar en la pérdida de cornamenta de la mayor parte de los venados, para descubrir a los muflones trasteando por las repisas y bolos de granito, para contemplar a las hordas de gamos salir a pastar a claros del monte, para avistar al meloncillo campeando a media ladera, para que una descarada garduña se venga hacia tu coche y se plante brevemente a 15 metros, para hallar los montones de tierra que deja el topillo mediterráneo, las hozaduras del jabalí o las piñas mordisqueadas por la ardilla roja…

Y, aunque no suelo comentar mis observaciones gatunas, unos días en Sierra Morena de Jaén dan también para esto…

Unos días en Sierra Morena de Jaén….Bichos por tos laos!

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(je, ha parecido un anuncio publicitario)

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Saludos!

8 de marzo de 2011

(Algunas) Mariposas de Sierra Morena

Últimamente me cuesta la vida sacar ratos para poner cosas en el blog; afortunadamente, no se debe a que no pueda salir al campo a bichear, sino a la escasez de tiempo para contar nada.
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Llevaba tiempo con ganas de poner esta entrada en el blog, y de hecho llevo tiempo haciéndola a cachitos. Debo decir que me voy a meter en terreno aún bastante cenagoso para mi, pero tengo la ilusión y la osadía del principiante, así que voy a atreverme.
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Y es que hoy voy a escribir sobre lepidópteros diurnos, concretamente de algunas de las mariposas diurnas que he observado a lo largo del último año en Sierra Morena, y que se han dejado retratar. No ando nada suelto todavía en identificación de lepidópteros, pero estoy poniéndome las pilas y he tratado de documentarme para que esta entrada sea lo más correcta posible. Si aún así detectas algún error, házmelo saber sin ningún reparo, pues te lo agradeceré. Como tampoco puedo hablar mucho de ellas, será una entrada muy gráfica, basada en imágenes en su mayor parte hechas en Sierra Morena….y ya de antemano pido disculpas por la calidad de las fotos, pero, por lo general, estos bichos no se lo ponen nada fácil al macro de mi ya considerada antediluviana Coolpix 4500.
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Una de las mariposas (siempre me refiero las diurnas, y en el estado de imago) más fácil de observar es la Ninfa de Esper Coenonympha pamphilus, y también una de las más madrugadoras; en los dos últimos años la he visto volar a partir de febrero. Es uno de los ninfálidos más pequeños, y aparece en distintos ambientes, especialmente en sitios abiertos y soleados, lechos de ríos en verano, cumbres con poca vegetación, prados, cerros casi pelados, etc.

Curiosamente, he podido leer que las de invierno y primavera son más oscuras que las que vuelan en verano, y no sé si es casualidad pero en estas fotos se aprecia. La superior está hecha en el valle bajo del Viar (Sierra Morena sevillana) en febrero, y la de abajo en las sierras de Montoro (CO) a principios de octubre.

Maniola jurtina, mariposa conocida como Loba, es otro ninfálido poco llamativo, que se hace común y bien distribuido ya mediada la primavera. Suelo verla en espacios abiertos, y con frecuencia posada en el suelo.

Aquí se ve a una Loba libando de la flor de una hierba verruguera, a comienzos del otoño en la Sierra Morena cordobesa.

La Mariposa de los muros Pararge aegeria también es frecuente, sobre todo dentro de o junto a bosques de ribera. Aunque tiene un período amplio de vuelo, la he visto sobre todo en verano y comienzos de otoño, como a esta que pillé en la rivera de Ciudadeja (Sierra Morena de Sevilla).

Parecida a la anterior, si las ves en vuelo y sólo por el anverso, son las Lasiommata o Saltacercas. Creo que no son muy exigentes, pues las veo en hábitats diversos aunque en general abiertos, como caminos, zonas rocosas o cabezos sin arbolado. Hay dos especies por estos lares, y no me aclaro con la asignación taxonómica de este ejemplar (la foto tampoco da para mucho más), así que lo dejamos en Lasiommata sp.

Otra bien discretita, en cuanto a coloración se refiere, es este Hipparchia. No veo muchos por la Sierra, aunque puede deberse a mi falta de pericia y al increíble camuflaje de los integrantes de este género, que se posan en el suelo y cierran las alas, haciendo invisible su ocelo y con ello a su propietario. Los asocio a claros dentro de pinares y otros bosques, donde vuelan los imagos en verano. La foto es pésima, y no pude identificar al bicho en campo, así que se tendrá que quedar también en Hipparchia sp., aunque quizá con más papeletas de H. semele que de otra especie…

La Lycaena phaleas o Manto bicolor es una de las más abundantes y ampliamente distribuidas en Sierra Morena. Este bonito licénido ocupa diversos hábitats, de modo que no puedo asociarla a ninguno en concreto, aunque en prados floridos es quizá donde se le ve más fácilmente . El ejemplar de la foto libaba flores a finales de verano en la sierra de Hornachuelos (Córdoba).

He leído que existe una subespecie, L. p. caeruleopunctata, caracterizada por presentar unos puntos azules en la parte posterior del anverso de las alas, como el bicho de esta de la foto que tomé en la Tentudía onubense a mediados de primavera. Lo que ignoro es si esta clasificación taxonómica está ampliamente aceptada, o si también se recoge como una simple variación de la subespecie nominal.

Cambiando por completo de paleta de colores, el blanco de las Pieris se ve por la Sierra a lo largo de prácticamente todo el año. Su inmaculado vuelo alegra los espacios abiertos, sobre todo los herbazales con plantas crucíferas; Pieris brassicae o Blanca de la col (la de la foto) es algo más grande y de alas más puntiagudas que la menor y más redondeada Blanquita de la col Pieris rapae, también común; en muchas ocasiones son muy complicadas de distinguir.

Otro piérido abundante es Colias crocea, bastante generalista y bien distribuida, y también tempranera (las he visto incluso en enero). Cuando se la ve posada gana en belleza, al menos en mi opinión, pues luce ese lunarcillo claro en el ala posterior…

Retomando los tonos blancos, de la familia de los ninfálidos es la Medioluto inés Melanargia ines. Preciosa, aunque si las pillas al final de su corta vida adulta te arriesgas a que presenten un aspecto bastante destartalado y poco agraciado (como la de la foto). Los adultos liban en los cardos, como hacía este ejemplar en la zona baja de la sierra onubense. Me parece escasa, y las pocas veces que la he visto ha sido en secarrales y cabezos con vegetación rala.

Dentro de Pieridae encontramos a la Blanquiverdosa Pontia daplidice, especie de amplia distribución. Se la ve volar desde la primavera, siendo localmente frecuente a principios de verano en prados donde haya flores (p.e. de boragináceas o crucíferas). Este ejemplar se encontraba en un arroyo seco con muchas plantas de hierba verruguera en el pie de la Sierra de Andújar, a finales del verano.

No hay que confundirla con la Blanca verdirrayada Euchloe belemia, otro piérido de llamativa librea (cuando se le ve posado), pero en el cual la distribución de verde y blanco se articula en rayas, y no en puntos. Es una especie que me gusta mucho, y de la que se puede disfrutar a lo largo de casi todo el año, especialmente en áreas de baja altitud. Suele apetecer de jaramagos y otras crucíferas, de las que creo también se alimentan sus larvas.

El tercio de mariposas “béticas” frecuentes se completa con Euchloe crameri (Blanca meridional), de extensa distribución mundial. También madrugadora, vuela por laderas y cumbres, prados, espacios abiertos entre dehesas, etc. Si la ves posada suele ser fácil de diferenciar de la Pontia y de otras Euchloe, incluso para los que estamos más pegaos, porque tiene un mayor número de círculos blancos sobre fondo verde en el reverso, dando un aspecto más festivo que las anteriores. A esta la pillé en pleno invierno en el P.N. Sierra Norte de Sevilla:

Una mañana de finales del febrero pasado vi varios de estos licénidos celestes, en vuelo raudo e incansable junto a un regato de los montes de El Centenillo (J). Es difícil hacer la identificación, por no decir imposible para mi, pero creo que se trata de Celastrina argiolus o de un Polyommatus sp.:

Una pequeña que me sorprendió es la Gris estriada Leptotes pirithous, la cual habita el sur de Europa y el norte de África. Aquí se la puede ver libando florecillas, una vez más, de hierba verruguera Heliotropium europaeum en la Sierra de Aracena, y puede comprobarse que es otro de esos animalillos que merecen ser vistos de cerca, para así percibir el tono metalizado de esos ocelos brillantes de las alas posteriores. Estas escamas son de una belleza pequeña, pero resplandeciente.

Aunque, hablando de mariposas que ganan en las distancias cortas, para mi no hay mejor ejemplo (al menos de los que conozco por el momento) que la bellísima Mariposa arlequín Zerynthia rumina. La he visto en algunas ocasiones por Sierra Morena, aunque pocas veces con calma, y de hecho no creo que sea muy abundante. Si la ves volando parece no tener nada especial, pero cuando se posa y abre las alas…

Al igual que la Zerynthia, la preciosidad llamada Macaón Papilio machaon pertenece la familia Papilionidae, que engloba a algunos de los lepidópteros visualmente más atractivos que pueden encontrarse en una guía de mariposas europea. Esta es muy conocida y bastante frecuente, y no pasa desapercibida por su tamaño, potente vuelo y llamativa coloración. Se la ve, especialmente a finales de invierno y en primavera, sobrevolando prados, pastizales y demás espacios abiertos.

Claro que, a la hora de hablar de mariposas bonitas, me descubro ante Charaxes jasius, la Bajá de dos colas o Mariposa de los madroños. La planta nutricia de las larvas es Arbutus unedo, de ahí que resulte común en formaciones de matorral mediterráneo, especialmente en umbrías. A los adultos se les ve volar por las copas de los árboles en formaciones de ribera y bosques frescos, lo que entraña grandes dificultades para pillarlas con la cámara (me lo he pensado dos veces antes de subir esta imagen, pero al fin y al cabo esto no pretende ser un blog de fotografía…).

Otro ninfálido de gran tamaño y llamativa librea es la famosa Pandora Pandoriana pandora. Las que he visto ha sido ya avanzado el verano, y siempre volando y libando sobre cardos, en claros o en el borde de masas forestales y en zonas algo altas, como este precioso ejemplar de Despeñaperros, que estaba ahí dándole a la espiritrompa...

Ya puede verse que he dejado las más espectaculares para el final. Porque la Vanessa atalanta combina su gran tamaño con una librea a la vez elegante, alegre y bonita. Una pasada de mariposa, que vi en números elevados en el otoño y el invierno pasados. Casi nunca dan tregua, pero pude pillar a unas libando flores de madroño en pleno invierno, y se mostraron muy confiadas

Hasta el punto de posar así (por supuesto, no la cogimos para ello, y tras la foto la volvimos a colocar delicadamente sobre el arbusto):

Lo que viene a continuación no es una mariposa diurna, sino una nocturna de la familia Noctuidae -más concretamente, un árctido- que me resultó muy abundante en algunas zonas de Sierra Morena a finales del verano pasado (Bailén, Montoro, Aroche, La Puebla de los Infantes): Utetheisa pulchella. Ciertamente, si no te detienes a contemplarla desde un primer plano, no reparas en lo hermosa y elegante que es, a pesar de que en algunas zonas se considere una plaga agrícola (Nota: gracias a Javi Salcedo por hacerme posible la correcta identificación).

Voy a despedir esta serie con otro bellezón alado: la Sofía Issoria lathonia, cuyas larvas al parecer se alimentan de violetas. Me parece una mariposa escasa, a la que sólo he llegado a ver en una ocasión en el pasado año, cuando observé un par de ejemplares en un camino entre pinares de Despeñaperros. Una de ellos posó para mi, permitiéndome inmortalizarla y recrearme en esa combinación de manchas tan original.

Espero no haber metido mucho la pata. Un saludo para quienes hayan llegado hasta aquí!
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