[Las fotografías de paisajes y de fauna que aparecen en este Blog (realizadas mediante la técnica del cutrescoping) y los textos que las acompañan están hechos por mi, a menos que se diga lo contrario.

Puedes utilizar las imágenes y hacer referencia a los textos libremente, pero siempre citando la fuente y al autor. Gracias]


Latido Jondo

Cerradas manchas de monte en las sierras de Andújar... apreturas y riscales en Despeñaperros... soledades boscosas y remotas en Hornachuelos... cantos de colirrojo real en los frescos castañares en la Sierra de Aracena... ríos que serpentean entre hondos barrancos cordobeses... robledales donde termina Andalucía... el morir alomado y llano de la Sierra en el extremo norte de Sevilla... bellotas que se caen de las encinas... callejas de pueblos blancos donde cantan las golondrinas... olor a pasto mojado cuando suena la berrea... cigüeñas negras sobre el murmullo de las aguas... bruscos picados de águilas reales... croar de sapos y ranitas en la noche... chillidos de matanza en las frías mañana de invierno... el paso elástico del lince bajo la valla... manto florido de dehesas en primavera.... agostaero de pastos en verano...

Si yo fuera bicho, Sierra Morena sería mi área de campeo. En este blog pretendo compartir con vosotros algunos de los momentos camperos que vivo tanto en esta zona -a retazos salvaje y honda, a retazos domesticada y suave- de Andalucía como en otros variopintos parajes naturales, a veces alejados de la Sierra pero que también forman parte de mi área de dispersión....o a los cuales llego con carácter divagante o accidental....


Bienvenidos!

19 de diciembre de 2010

Jugando al escondite (nutrias en Sierra Morena)

Unos cuantos grados bajo cero, una helada del copón en el valle y tranquilidad absoluta en el lugar al amanecer, ingredientes servidos para intentar localizar a mi objetivo de hace un par de días en Sierra Morena occidental.
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La rivera de Cala nace en la pacense sierra de Tentudía y en su tramo alto se desliza marcando las lindes entre Huelva, Badajoz y Sevilla, resguardando en sus aguas vida y alimento para una nutrida comunidad de invertebrados y vertebrados entre los que destaca “mi” buscada protagonista: la nutria Lutra lutra.

En invierno, este mustélido se muestra más activo durante las horas de luz, lo que unido a su abundancia, a lo lineal de su hábitat y a su carácter confiado y curioso, la convierten a mi juicio en el carnívoro más fácil de observar en Sierra Morena (junto con el lince en los lugares donde éste aún sobrevive). Hacía bastante tiempo que no le dedicaba la atención que se merece y no salía a buscarla “en condiciones”. Obviamente hay muchas ocasiones en las que te vuelves a casa como llegaste, con un cero en tu marcador nutrieril. Pero la proporción es menor que cuando intentas observar otros carnívoros, al menos en mi experiencia personal.

La numerosísimas huellas impresas en la helada arena, y las muchas cacas marcando rocas estratégicas en el agua a lo largo de varios kilómetros de cauce ponen de manifiesto su soberanía en las aguas del Cala, así que basta con moverse sigilosamente por el cauce, con la esperanza de sorprenderla afanada en sus labores diarias. Eso sí, si quieres verlas necesitas atención completa, sigilo y tensión constante para estar atento a cada ruido, a cada onda o burbujita en el agua, a cada chapoteo e incluso a cada olor que llega a tu nariz medio congelada… Y cuando ni siquiera el huidizo martín pescador Alcedo atthis se percata de tu presencia asomado al remanso, es que la cosa va bien…

Tras varias falsas alarmas con gallinetas, zampullines y andarríos grandes como protagonistas, me abrí paso entre los tamujos y allí estaba!! Cuando la localicé andaba semisumergida en el agua, cabeza abajo, mostrándome la cola y patas traseras mientras seguramente intentaba capturar un pez con las manos. Me quedé inmóvil cuando asomó la cabeza, y esperé a que la volviera a meter para salir a la playa de guijarros y tirarme a lo largo en el suelo, pues por experiencia sé que estos bichos no andan muy finos de vista. La distancia era corta, pero aún más lo fue cuando se vino nadando hacia mi posición, llegando estar a menos de 2 metros de mi!!! No soplaba nada de aire y por eso no le habría llegado mi olor, así que se dejó observar un buen rato mientras estaba atareada en busca de papeo. Un rato después ocurrió lo inevitable y reparó en mi presencia (sospecho que me olió, por los gestos que hizo).

Cuando una nutria te ve es altamente probable que no huya, y de hecho eso fue lo que pasó. Se sumergió pero fui siguiendo su rastro de burbujitas mientras buceaba, hasta que la pillé escondiéndose entre las zarzas y eneas del pequeño talud de la orilla, justo enfrente. Siempre me llama la atención el comportamiento de este animal, pues teniendo río más que suficiente para pirarse, optan por lo general por resguardase en la orilla, en algún escondite cutre donde supongo piensan que tú no las ves.

Y ciertamente, sin prismáticos es muy probable que no haya quien las vea, porque el color de su pelaje hace que sean casi invisibles si no se mueven, aunque no estén lejos. Estuve un buen rato disfrutando de este ejemplar, que se dedicó a dormitar en mi cara… Placenteramente cerraba los ojos y la cabeza se le iba hacia el lado, como un niño pequeño, aunque a ratos abría los ojos y me miraba entre la vegetación, seguramente pensando “a ver cuándo se va el pesao este”.

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Me marché y la dejé allí con su siesta. Caminando por el río vi una garceta grande Egretta alba, que voló a una encina. Es este lugar de los pocos sitios de toda Sierra Morena donde esta enorme garza de inmaculado plumaje inverna anualmente desde hace varias temporadas; me llamó la atención cómo fue incordiada, y finalmente desplazada, por una garza real –más pequeña pero con más mala leche-que estaba pescando en las cercanías y que no toleró la presencia de su blanca prima.

La jornada transcurrió por el río, por algunos de sus afluentes y por las sobresalientes dehesas de su entorno. Pude degustar las bellísimas estampas minimalistas que el hielo había dejado esa noche, y que no se derritieron en todo el día. Imagino que un fotógrafo sabría sacarle todo el partido a estas delicadas y gélidas figuras, puesto que me da impresión de que pueden dar bastante juego en este aspecto; yo me conformo al menos con retratarlas pues es algo que en estas tierras sólo puede presenciarse unos cuantos días cada invierno.

Más tarde localicé a un zorro Vulpes vulpes en un prado, que se perdió de mi campo visual de una forma inesperada y muy extraña. Esperé y lo vi de nuevo, pero en esta ocasión me había guipado él a mí, y de nuevo dio unos pasos y desapareció casi como por misterio. Como no me salían las cuentas, me acerqué y descubrí la causa que mis congeladas neuronas no habían intuido: el zorro hacía como cuando éramos pequeños y jugando al escondite alguien gritaba “CAAASA”, desapareciendo por las bocas de la enorme zorrera donde tiene su morada ... Buen lugar para hacer una espera con telescopio algún otro día.

Tras un largo paseo por los encinares, se me echaba la tarde encima abriéndome paso por una ladera de apretado matorral en la orilla abrupta del río, aguas abajo de donde comencé. Estaba oteando cuando escuché un sonido rompiendo el monte, a paso tranquilo pero demoledor….a los pocos minutos salió un buen jabalí Sus scrofa a mi vera, a no más de 15 metros, el cual se puso a hozar en la esponjosa tierra. Al rato, en vista de que se me iba acercando poco a poco sin que me detectara, me delaté intencionadamente y el guarro puso pies en polvorosa (con los cochinos nunca se sabe y es mejor prevenir…).

Finalmente terminé el día como lo empecé… con otra nutria en las retinas! A esta la localicé desde lejos, y con el tele la estuve siguiendo mientras nadaba junto a la orilla, saliendo a tierra en varias ocasiones y excavando en la arena (¿?). Me tuve que acercar porque mi camino pasaba por el punto del río donde ella se hallaba, así fue como la vi más cerca y como ella también me vio a mí. Este bicho optó por la técnica de “hacerse el tronco”, que puede resultar muy efectiva si no estás previamente al loro de su presencia. Se quedan flotando en la superficie a lo largo, con la cola extendida y asomando el hocico y los ojos para tenerte controlado… una pasada! Al poco este ejemplar decidió que, al igual que su vecina y que el raposo, quería jugar al escondite conmigo y se metió entre unos palos de la orilla, donde la estuve observando hasta que decidí seguir mi camino ya que la noche estaba al caer.

En resumen, fue otro de esos días suertudos en los que te sientes afortunado y llegas a tu casa con una sonrisa de oreja a oreja que no se te quita en varios días…

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PD: como veis, he puesto un par de vídeos de cutrevidioscoping, espero que os gusten a pesar de la mala calidad que implica la utilización de esta técnica tan casera...

3 de diciembre de 2010

De buitres viajeros, ánimas da noite y reinas apaleás...

Amanece lloviendo. Y bien avanzada la mañana, sigue lloviendo. “Lo que mal empieza, mal acaba”, me decía entre dientes tras haberme pegado un buen madrugón, subir a la Sierra, haber mantenido una reunión en ayunas (no os lo aconsejo) y desplazarme hasta un rincón remoto en la quinta puñeta donde me encontraba en la portada de una gran finca, mojándome y con cara de pasmarote por haberme encontrado la cancela cerrada aún cuando me esperaban. Sin cobertura, claro está…. Pero, como tantas otras veces, me equivocaba. Pocas jornadas camperas son tan agradecidas como esas en las que, tras varios días de climatología adversa, el cielo se abre y deja ver la belleza de un azul radiante y un sol que brilla con ganas aunque apenas llegue a calentar.

Aún con una fina lluvia que calaba aparecieron algunos protagonistas de marcado renombre serrano: un buen grupo de buitres leonados y negros intentaban en vano pillar alguna incipiente térmica, tirándose desde lo alto de un discreto cabezo en estas tierras de Onza, que por un lado se asoman a la Sierra Morena sevillana y por otro dan vistas a las remotas soledades de la cordobesa Sierra de Hornachuelos. Bandos de palomas torcaces se recortaban aquí y allá contra un cielo aún gris, y una discreta tarabilla común con el plumaje mojado vigilaba desde su percha.

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Un movimiento veloz a media ladera llama mi atención, a pesar de su fugacidad….lo enchufo con los prismáticos y veo a un adulto de águila real Aquila chrysaetos, en endiablado vuelo en dirección a un collado. Busco la causa de esta rara forma de vuelo y la hallo justo detrás: una pareja de águilas imperiales Aquila adalberti la persigue, y de hecho la hembra le hace un amago de picado. La observación dura poco, pues los bichos costean al otro lado de la loma… Bueno, al menos esto ya se endereza!

Con tanto movimiento atmosférico los pájaros deben andar algo descolocados, y un grupo de gaviotas sombrías y otro de garzas reales pasan volando a cierta altura, rumbo a más benignas tierras sureñas. El Sol comienza a hacer esfuerzos por imponerse en las alturas, y ya las nubes vienen y van, pausando su regalo de aguas y haciendo un poco más fácil la vida a los bichos (y a los bicheros…). Aunque ya ha llovido algo, las riveras todavía muestra su lecho totalmente seco, sirviendo de “autovías” para los venados y cobijando a lúganos Carduelis spinus y petirrojos en las plantas de sus orillas.

Un mirlo hace amagos de canto tras las lluvia, sonido que a mi me resulta de lo más relajante. Algunos buitres se muestran chorreando posados en los riscos, de los que poco a poco se van tirando para volar y tratar de tomar una altura que les permita encontrar papeo. Entre ellos andan infiltradas dos rapaces distintas, que resultan ser águilas reales, en esta ocasión con plumaje de inmaduros. Una de ellas, hembra grande, se acerca a mi posición prospectando orgullosa un cabezo de lentiscos y acebuches. De pronto una cohorte de urracas comienza a perseguirla, propinándole molestos envites en el dorso y tirándole de la cola. De ser complicado eso de reinar por estos pagos, con tanta competencia por la supremacía y donde parece que todos los súbditos están por rebelarse. Vamos, que del glamur del poderío pasas a ser una reina apaleá antes de darte cuenta…

Bastantes buitres negros Aegypius monachus vuelan con los leonados Gyps fulvus, y yo aprovecho para hacerles cutrescoping en vuelo y con un fondo horrible (quién da más!). Un gavilán Aen vuelo lejano se pierde tras un monte, y siguiéndolo reparo en las numerosas roscas de buitres que se están levantando algo más lejos.
Hacia ellos me dirijo, con un tiempo que sigue inestable y lo mismo deja un breve aguacero que regala momentos de sol espléndido. Localizo un grupo de buitres en el suelo, capeando el temporal como pueden e intentando aprovechar los momentos sin lluvia para sacudirse y quitarse gotas de agua.

Pero poco a poco el astro rey se impone, se alejan los nubarrones y el viento, y el cielo evoluciona a un intenso e infinito azul, con el Sol repartiendo generosamente una preciosa luz que convierte casi en amables los hasta hace poco grises y hostiles montes. Y entonces ocurre algo en la extensa ladera que contemplo: por todas partes se oyen ásperas voces y se ve movimiento donde parecía no haber vida animal. Me echo los prismáticos y asombrado me doy cuenta de que hay cientos de buitres posados por doquier en pequeños grupos por los suelos y chaparros del monte, hasta ese momento invisibles en la distancia debido a que no se movían. Y todos, cual girasoles gigantes, están ahora abriendo sus alas casi al compás y orientándolas al sol para poder secarse, invitándome a participar de estas escenas casi intimistas. No dejo de emocionarme y sentirme un privilegiado por poder vivir estas cosas, aún teniendo la suerte de disfrutarlas con cierta frecuencia.

Un sonido muy familiar me hace levantar la vista, y tras unos momentos consigo encontrar, volando por debajo de mi posición y contra el matorral, a un águila imperial con un bellísimo plumaje de damero. Me costó dar con ella, y pude hacerlo gracias a que esta especie es muy dada al cántico, pues si no probablemente ni la hubiera olido. La seguía en vuelo cuando cogió altura y se encontró con otro damero! Siempre digo que este plumaje es el más complicado de observar en la especie, al menos en Sierra Morena. Tras un ratito de exhibición y algunas piruetas y vocalizaciones de marcaje se perdieron al otro lado del viso.

Seguí lo que quedaba de tarde (que a estas alturas del año no es mucho) disfrutando de los buitres con una luz inmejorable, y haciéndoles algunas fotos. Conforme iban secándose levantaban y volaban hacia algún lugar detrás de mi, y de hecho muchos de ellos me pasaban muy muy cerca, siendo posible apreciar todo lujo de detalles casi a ojo y escuchar el silbido del roce de sus alas contra el viento. Cuánta libertad transmiten estos animales! Pude llegar a ver un buitre negro adulto dotado de emisor GPS, y previamente había leído varias placas alares de leonados. Prácticamente a los dos días me enteré de que estos bichos, de distintas edades, eran algunos de esos numeroso buitres viajeros que nos visitan en invierno: uno de ellos procedía de Castellón, otro del proyecto de reintroducción de Alcoy (Alicante) y un tercero de Aragón.

Casi sin tiempo a más se echó la noche, anotando previamente un par de chovas piquirrojas Pyrrhocorax pyrrhocorax. La Luna, casi llena, se enseñoreó entonces sobre el pinar, dando paso a las ánimas da noite... y es que esta época de finales de otoño y principios del invierno es mi preferida para hacer estaciones de escucha nocturnas. No se dio mal, pues el melancólico canto de los sapos parteros ibéricos Alytes cisternasii y la profunda llamada del búho real me dieron la despedida, junta al quejumbroso y casi desgarrador latido del zorro en celo (un sonido realmente bonito que os animo a escuchar si no lo habéis hecho). Ya de vuelta por la carreterucha, despacito y estando atento, me llegó el mejor momento del día: 2 jinetas Genetta genetta se me cruzaron a la vez, una de las cuales se volvió y me dejó observarla con tranquilidad durante unos minutos, hasta que subió entre los chaparros del talud metiéndose en la oscuridad del bosque….una pasada!!
Otro zorro puso el punto y final a la jornada, que a pesar de su comienzo parece que no acabó finalmente tan mal…

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