[Las fotografías de paisajes y de fauna que aparecen en este Blog (realizadas mediante la técnica del cutrescoping) y los textos que las acompañan están hechos por mi, a menos que se diga lo contrario.

Puedes utilizar las imágenes y hacer referencia a los textos libremente, pero siempre citando la fuente y al autor. Gracias]


Latido Jondo

Cerradas manchas de monte en las sierras de Andújar... apreturas y riscales en Despeñaperros... soledades boscosas y remotas en Hornachuelos... cantos de colirrojo real en los frescos castañares en la Sierra de Aracena... ríos que serpentean entre hondos barrancos cordobeses... robledales donde termina Andalucía... el morir alomado y llano de la Sierra en el extremo norte de Sevilla... bellotas que se caen de las encinas... callejas de pueblos blancos donde cantan las golondrinas... olor a pasto mojado cuando suena la berrea... cigüeñas negras sobre el murmullo de las aguas... bruscos picados de águilas reales... croar de sapos y ranitas en la noche... chillidos de matanza en las frías mañana de invierno... el paso elástico del lince bajo la valla... manto florido de dehesas en primavera.... agostaero de pastos en verano...

Si yo fuera bicho, Sierra Morena sería mi área de campeo. En este blog pretendo compartir con vosotros algunos de los momentos camperos que vivo tanto en esta zona -a retazos salvaje y honda, a retazos domesticada y suave- de Andalucía como en otros variopintos parajes naturales, a veces alejados de la Sierra pero que también forman parte de mi área de dispersión....o a los cuales llego con carácter divagante o accidental....


Bienvenidos!

14 de octubre de 2010

Tarántulas, mariposas y otros bichos del bosque mediterráneo

El extremo centro-oriental de la Sierra Morena sevillana acoge una importante extensión de bosque mediterráneo aclarado, donde encinas, alcornoques y quejigos se mezclan y revuelven, derramándose por laderas fragosas y llaneando en amigables navas. A pesar de que las últimas lluvias aún no han tenido tiempo de materializarse en forma de setas ni de fresca yerba verde, el ambiente nublado y fresco –unido al amarillear de las hojas- y la tranquilidad reinante invitaban al paseo por el bosque en sensación de intimidad, quizá esperando el encuentro con alguno de esos duendes y otros seres mitológicos que a veces se aparecen a los naturalistas.
La rivera de Ciudadeja corre ahora alegre y casi bulliciosa, frías sus aguas e incipientemente otoñales las arboledas que la rodean. Y es que en estos frescos bosques mediterráneos no todo es hoja perenne, puesto que los chopos, los castaños, los fresnos, las cornicabras, los olmos, las vides silvestres e incluso los escasísimos arces de Montpellier empiezan a quitarse sus vestidos tímidamente, no sin antes regalarnos la vista con distintas tonalidades de rojos, ocres y amarillos. También lo hacen membrilleros, perales y cerezos en los ruinosos huertos que salpican la vera del río. Los quejigos, algo mojigatos ellos, dejan sin embargo los cambios de color para más adelante, pareciendo dudar entre desnudarse o no…
El olor a tierra mojada, a la cama del jabalí entre el matorral, a los higos pasados que hoy nadie recoge en las abandonadas huertas, antaño compañeras de molinos harineros... todo estimula los sentidos del caminante, como anticipo del apogeo de la otoñá que aún tardará unas semanas en llegar. Las ranas comunes ya notan el fresco nocturno y por la mañana se muestran espesas en sus movimientos, mientras que sus parientes las ranitas meridionales aprovechan la humedad cálida del mediodía para cantar a plena luz.
Dos árboles caracterizan, al menos para mi, la ruta que estuve haciendo la otra mañana: el quejigo Quercus faginea, que además de formar singular arboledas mixtas presenta muy buenos portes en algunos ejemplares, majestuosos incluso al lado de los soberbios alcornoques; y el aliso Alnus glutinosa, que -aunque algo mermado- aún forma bonitos tramos de bosque de ribera en el Ciudadeja, a cuyo sombrío cobijo acude variada fauna en verano. Mención aparte merece el ya nombrado arce de Montpellier Acer monspessulanum, árbol muy escaso en Andalucía y que en Sierra Morena sólo he visto en las umbrías de Despeñaperros (Jaén) y en estos bosques orientales de la sierra sevillana. También destacan muchos ejemplares de fresno de hoja estrecha Fraxinus angustifolia por su altitud y gran talla, tanto los que crecen junto a la corriente como algunos que se desarrollan en empinadas umbrías y en navas y llanos.
Bajo encinas y quejigos languidecen en estas fechas los restos de las que en primavera fueron las flores más bonitas de estos pagos: las preciosas peonías Paeonia broteroi, que hoy entregan sus amarillentos tallos sin vida a la esponjosa tierra, aunque dejando ver aún algunas semillas en sus cápsulas de la vida. Y los olmos Olmus minor (gravemente afectados en la Sierra Norte de Sevilla por la grafiosis) aparecen con muchísima frecuencia muertos, secos pero aún de pie y abrazados los unos a los otros por el extremo de lo que fueron sus copas, formando extraños esqueletos de madera que aprovechan picos picapinos, pitos reales y trepadores azules para buscar larvas de las que alimentarse.
..
En las áreas más despejadas, como claros entre los árboles, orillas de los caminos, pastizales de los pequeños valles y en las orillas de la rivera aún vuelan distintas especies de mariposas, como las comunes Pontia daplidice, Lycaena phlaeas, Pararge aegeria, Pieris sp. (brassicae/rapae) y algunas otras que no contribuyeron a la identificación y se quedaron en el tintero para ponerles nombre en otra ocasión (gajes de ser principiante en la materia…). Uno de los mejores momentos del día fue el descubrimiento de una bajá de dos colas o mariposa de los madroños Charaxes jasius, de tremenda belleza y vivo colorido, que volaba sobre los árboles y se posó en la parte alta de un aliso. Algunos odonatos como el caballito Lestes virens y un anisóptero de potente –e imparable- vuelo, que quizá pertenezca al género Aeshna, también deambulaban junto a remansos, pocitas y orillas del cauce en busca de insectos que trincar y devorar sin piedad.
Dejamos atrás las aguas del Ciudadeja, con sus zapateros Gerris sp. y sus pequeños peces, y tras un refrescante chaparrón cambiamos de paisajes, no sin antes embucharnos con delicias serranas en el pequeño y blanco pueblo de Las Navas de la Concepción.
..
Montes de pinos piñoneros y eucaliptos se asoman bruscamente al río Retortillo, ahora de muy escasas aguas en el tramo por encima de su embalse. Encinas, zarzas, juncos, adelfas y fresnos cortejan este leve caudal, por donde el meloncillo campea marcando con sus letrinas. Al otro lado la carretera se interna en dehesas de alcornoques, ya en el cordobés Parque Natural de la Sierra de Hornachuelos; en los cerros de la cabecera del arroyo Guadalora también están muy presentes los montes de jara y brezo -con madroños, alcornoques y encinas- hasta donde se pierde la vista. Desde su oteadero rocoso el águila real Aquila chrysaetos vigilaba sus feudos, quizá disfrutando como nosotros del calmo vuelo de los buitres leonados y negros. Más prisa tenía la pareja de Sympetrum fonscolombii que se daba al amor sobre las jaras, aprovechando el tirón final de la estación reproductora, en vecindad con una confiada cierva que pastaba junto a su crecido cervato.
De vuelta a tierras sevillanas reparamos en los considerables bandos que ya por estas fechas forman los fringílidos, especialmente jilgueros y pardillos. Tras sobrepasar dehesas donde pacen y bellotean numerosos cerdos ibéricos, y también dejando de lado algunas cercas sobrecargadas de estos animales (y de sus purines), llegó el otro gran momento del día: una gigantesca araña atravesaba la carretera con paso lento, arriesgando su via. Se trataba de una hembra, creo que de la especie Hogna radiata. A sus espaldas, o mejor dicho sobre su abdomen, decenas de minúsculas crías se agolpaban en una perfecta pelota, confiando en que su madre las transportara a algún lugar seguro al otro lado de la vía asfaltada. Hacía tiempo que no presenciaba esta escena y me hizo mucha ilusión, pues estos enormes invertebrados son guapísimo! La ayudamos a cruzar y la dejamos internarse en el monte alto de encinas, durillos y madroños.
Hay otro río que también es protagonista en el extremo nororiental de la provincia de Sevilla; se abre paso por una de las zonas más salvajes y solitarias de Sierra Morena, guarida de los últimos lobos sevillanos y cordobeses. La rivera de Onza, totalmente seca en estas fechas, es un cauce ancho y de riberas arbustivas, en las que adelfas y tamujos serpentean al compás de sus aguas –cuando las lleva- y se abren paso en forma de amplio valle entre cabezos y quebrados montes de jaras, lentiscos, acebuches, chaparros y brezos. Enormes cortijos (palacios rurales, más bien) salpican aquí y allá estas enormes fincas de gran tradición cinegética mayor y menor.
Escondidos en las impenetrables lomas de matorral, o asomándose altivos a valles y pastizales, los venados berreaban con las últimas luces de una soleada tarde de otoño; unos a otros se contestaban desde sus puestos preferidos, con “cantos” tan poco delicados como atractivos…el sonido más característico del monte en otoño. También nos llegaba el sonido de sus compañeros (de fatigas) los jabalíes Sus scrofa, que fuera de nuestra vista estarían retozando en una baña escondida en la arboleda de una vaguada; al rato salieron 4 individuos, delante dos marranetes y detrás dos buenos machos, uno de ellos un auténtico cochinato de buena boca y mayores testículos (…). El fango arcilloso que adornaba la pelambrera de sus espaldas y patas ponía en evidencia que, en efecto, habían estado practicando su deporte acuático preferido… Con ese caminar tan característico que lucen se perdieron ladera arriba por la mancha.
..
Los alados más emblemáticos del país tampoco se hicieron mucho de rogar… un juvenil de águila imperial ibérica Aquila adalberti cicleaba por la cuerda de un serrejón, y dos buitres negros Aegypius monachus pasaron muy cerca de nosotros, volando sobre una hoya a última hora del día. Varios gavilanes Accipiter nisus se dejaron ver a lo largo de la jornada y, junto a ellos, se encargaron de anunciarnos la llegada de la época invernal los primeros acentores comunes Prunella modularis de la temporada (escuchados en un jaral) y el primer bandito de bisbitas comunes Anthus pratensis que me sobrevuela esta campaña.
Fin de la jornada y vuelta para casa, pues se tardan dos horas desde este remoto rincón de la provincia de Sevilla. Como anécdota, los que salimos al campo asiduamente sabemos que el día 12 de octubre es particularmente utilizado por personas de dudosa moral para cometer infracciones o ciertos actos delictivos en nuestros montes, aprovechando la celebración por parte de la benemérita de su festividad…. Otras veces me ha tocado presenciar caza de fringílidos con arbolete (liga), extracción ilícita de guijarros del lecho de un río o caza nocturna. Y en esta ocasión no iba a ser menos: por la mañana dos personajes en todoterreno echaron pie a tierra de modo descarado en el camino por el que transitábamos; de reojo los vi sacar un rifle y subir ladera arriba. Al rato, cuando estábamos disfrutando del hallazgo de varios arces, escuchamos un tiro que resonó “al tapadillo” entre los árboles.
El furtivismo es una infracción, como también lo es utilizar chupete (silenciador, en el argot) en el rifle…pero creo que eso ellos ya lo sabían.

5 de octubre de 2010

Bramidos en Sierra Morena

Mucho se escribe sobre la berrea en estas fechas, y muchos somos los naturalistas que salimos al campo a finales del verano y principios del otoño para tratar de presenciar en directo este espectáculo natural. Incluso los que sabemos que el ciervo Cervus elaphus (su superpoblación y gestión, más exactamente) es hoy por hoy un grave problema ecológico en muchas sierras andaluzas, no podemos resistirnos a sus encantos en estos días en los que se desgañitan a todas horas, llenado el ambiente con sus roncas voces.

Mis últimas jornadas camperas por la Sierra han tenido a este gran ungulado como protagonista destacado. El pasado finde (1-3 octubre) estuve por Sierra Morena cordobesa, haciendo un poco de todo. La berrea parecía débil la calurosa tarde del viernes, con apenas un par de machos “cantando” en las sierras montoreñas, rato amenizado brevemente por un águila real Aquila chrysaetos picando y haciendo vuelos de marcaje cerca de una gran “rosca” en la que se agrupaban unos 250 buitres leonados Gyps fulvus y algunos negros. El potente vuelo de picogordos Coccothraustes coccothraustes y palomas torcaces me acompañaba a ratos en el collado donde me situé, para estos alados un paso natural entre dos frondosas vaguadas.

El sábado amanecí con el valle del río Arenoso ante mis ojos, casi en la misma linde del Parque Natural de las Sierras de Cardeña y Montoro. Un paisaje boscoso, agreste, hostil y tremendamente solitario, como tantos otros rincones de Sierra Morena. Los pinares (plantaciones forestales, pero altamente naturalizados en su mayor parte) tapizan casi todas las lomas y cerros que alcanza la vista en esos lares, con algunos chaparrales o encinas infiltradas aquí y allá. Los fresnos, las adelfas y algunos almeces Celtis australis cobijan las mermadas aguas de este emblemático río cordobés, el penúltimo cauce de importancia que ha sido represado (desgraciadamente) en la porción cordobesa de nuestra oscura cordillera.

Ciertamente la Sierra no está bonita en estas fechas; de hecho, se encuentra en su peor momento anual, en la recta final del estío y a la espera de las ansiadas lluvias que renueven sus paisajes y revitalicen su flora, y que confiamos lleguen en breve. Pero no es menos cierto que los ciervos parecen querer decirnos con sus estruendos que las entrañas del monte no han perdido su vitalidad, su bravura ni sus ganas de vida, aún cuando todo parece languidecer al compás de la constante pérdida de las cuatro biznas de pasto que sobrevivían en los cabezos y chaparrales.

En el valle del Arenoso la berrea inunda cada rincón al alba y al oscurecer en estas semanas; es difícil describir la sensación que uno puede llegar a tener sentado, en total silencio y completa soledad, cuando los bramidos se suceden sin parar a un lado, al otro, de frente, detrás de ti, escuchándose a veces incluso el cercano crujir de los arbustos tronchándose al paso de estos mamíferos…. Sólo el canto de un águila real, el cerrojeo de un carbonero común, el cacareo de una invisible águila imperial, un escribano montesino sisando y la distraída conversación de los rabilargos se atrevían a poner acordes complementarios a la banda sonora serrana, ahora acaparada por los truenos de amor de los ciervos.

A mi vera se escuchaba el entrechocar de los cuernos de dos machos que la cobertura vegetal ocultaba a los indiscretos ojos del observador humano, a la par que otro ejemplar se alzaba sobre las patas traseras para alcanzar las bellotas de una encinucha. En el arenal del lecho del río un venado de mediano porte juntaba a su discreto harén de tres pepas; sorprendentemente, vi una ardilla roja Sciurus vulgaris cruzar por detrás de los ungulados (esta especie es bastante rara en Sierra Morena cordobesa). Algunos muflones Ovis musimon, ajenos por el momento a tal derrame de testosterona, trepaban por las laderas entre lentiscos y pedregales.
Cuando los buitres comenzaron a saltar a los cielos, en busca de térmicas que escalar, me retiré. A pesar de que se intuía el calor, los ánimos febriles de los ciervos no cesaban….

Esa misma tarde fui invitado a asistir a una visita guiada para disfrutar de la berrea en el otro extremo de la provincia: el Parque Natural de la Sierra de Hornachuelos. El plan era entrar en una finca privada -cuyo propietario había autorizado la visita, off course- para acercar este fenómeno a los más de 30 asistentes, entre ellos bastantes niños, que se apuntaron a esta actividad propuesta y organizada por mis compañeros de ADIT-Sierra Morena. Y claro, ya que estábamos aprovechamos para pajarear y mostrar a los curiosos participantes algunas de las aves más características de este poco conocido espacio natural.

En lo relativo a la ornitofauna la cosa salió bastante bien. Estas fechas son ideales para presenciar la mezcla de especies residentes, estivales rezagados, migrantes en paso e invernantes recién llegados; y esto es precisamente lo que pudimos ver, todo junto y bien revuelto, cuando localizamos un águila calzada Aquila pennata haciendo un vertiginoso picado de caza al borde de la dehesa. Siguiéndola pillamos a un buitre negro Aegypius monachus en la lejanía, que se fue acercando hasta colocarse sobre la calzada y un ratonero. Al poco llegó una pareja de águilas reales, que se unió a la térmica y no vaciló en dedicarnos una serie de vuelos de marcaje (¡cómo se ponen las grandes águilas con el “celo de otoño”!), regalándonos la oportunidad de comparar su silueta con la del enorme monje. Como colofón una cigüeña negra Ciconia nigra nos sobrevoló a bastante altura, sin olvidar la presencia de un gavilán común Accipiter nisus, seguramente recién aterrizado para pasar la invernada al cobijo de los templados y fragosos montes de Hornachuelos.

De pelo la cosa estuvo más flojita en la preciosa y empinada ladera de alcornoques y matorral mediterráneo a orillas del arroyo Guadalora escogida para la observación de atardecer: pocos venados berreando, algunas ciervas dispersas ramoneando y un par de muflones que nos miraban desde el monte opuesto. No contribuyeron mucho los bichos….aunque claro, imagino que el asunto habría ido mejor si no hubiera llegado un capullo a la finca contigua (probablemente el guarda) para pegar un tiro y espantar a todo bicho viviente de la zona, disparo supongo también destinado a intimidarnos a nosotros.

Por si alguien no lo sabe, en Sierra Morena no todo es color de rosa. Trabajar en el campo con bichos es extremadamente difícil en la mayor parte del terreno; no sólo las propiedades privadas suelen estar cerradas a cal y canto para el común de los mortales –sobre todo si no gastas rifle y los billetes de 500 lapos no abundan en tu bolsillo o no eres alguien importante-, sino que además molesta que la gente pueda estar mirando desde fuera de las vallas, que más parecen cobijar el más secretudo de los planes de armamento nuclear que estar destinadas a que las reses no salgan del acotado. Incluso un silencioso grupo de niños y adultos con prismáticos y su ilusión puesta en observar la berrea en la finca vecina es visto como una peligrosa e intolerable intromisión.

Y es que ya sa sabe, los ojos los carga el diablo…

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...