[Las fotografías de paisajes y de fauna que aparecen en este Blog (realizadas mediante la técnica del cutrescoping) y los textos que las acompañan están hechos por mi, a menos que se diga lo contrario.

Puedes utilizar las imágenes y hacer referencia a los textos libremente, pero siempre citando la fuente y al autor. Gracias]


Latido Jondo

Cerradas manchas de monte en las sierras de Andújar... apreturas y riscales en Despeñaperros... soledades boscosas y remotas en Hornachuelos... cantos de colirrojo real en los frescos castañares en la Sierra de Aracena... ríos que serpentean entre hondos barrancos cordobeses... robledales donde termina Andalucía... el morir alomado y llano de la Sierra en el extremo norte de Sevilla... bellotas que se caen de las encinas... callejas de pueblos blancos donde cantan las golondrinas... olor a pasto mojado cuando suena la berrea... cigüeñas negras sobre el murmullo de las aguas... bruscos picados de águilas reales... croar de sapos y ranitas en la noche... chillidos de matanza en las frías mañana de invierno... el paso elástico del lince bajo la valla... manto florido de dehesas en primavera.... agostaero de pastos en verano...

Si yo fuera bicho, Sierra Morena sería mi área de campeo. En este blog pretendo compartir con vosotros algunos de los momentos camperos que vivo tanto en esta zona -a retazos salvaje y honda, a retazos domesticada y suave- de Andalucía como en otros variopintos parajes naturales, a veces alejados de la Sierra pero que también forman parte de mi área de dispersión....o a los cuales llego con carácter divagante o accidental....


Bienvenidos!

3 de diciembre de 2010

De buitres viajeros, ánimas da noite y reinas apaleás...

Amanece lloviendo. Y bien avanzada la mañana, sigue lloviendo. “Lo que mal empieza, mal acaba”, me decía entre dientes tras haberme pegado un buen madrugón, subir a la Sierra, haber mantenido una reunión en ayunas (no os lo aconsejo) y desplazarme hasta un rincón remoto en la quinta puñeta donde me encontraba en la portada de una gran finca, mojándome y con cara de pasmarote por haberme encontrado la cancela cerrada aún cuando me esperaban. Sin cobertura, claro está…. Pero, como tantas otras veces, me equivocaba. Pocas jornadas camperas son tan agradecidas como esas en las que, tras varios días de climatología adversa, el cielo se abre y deja ver la belleza de un azul radiante y un sol que brilla con ganas aunque apenas llegue a calentar.

Aún con una fina lluvia que calaba aparecieron algunos protagonistas de marcado renombre serrano: un buen grupo de buitres leonados y negros intentaban en vano pillar alguna incipiente térmica, tirándose desde lo alto de un discreto cabezo en estas tierras de Onza, que por un lado se asoman a la Sierra Morena sevillana y por otro dan vistas a las remotas soledades de la cordobesa Sierra de Hornachuelos. Bandos de palomas torcaces se recortaban aquí y allá contra un cielo aún gris, y una discreta tarabilla común con el plumaje mojado vigilaba desde su percha.

..

Un movimiento veloz a media ladera llama mi atención, a pesar de su fugacidad….lo enchufo con los prismáticos y veo a un adulto de águila real Aquila chrysaetos, en endiablado vuelo en dirección a un collado. Busco la causa de esta rara forma de vuelo y la hallo justo detrás: una pareja de águilas imperiales Aquila adalberti la persigue, y de hecho la hembra le hace un amago de picado. La observación dura poco, pues los bichos costean al otro lado de la loma… Bueno, al menos esto ya se endereza!

Con tanto movimiento atmosférico los pájaros deben andar algo descolocados, y un grupo de gaviotas sombrías y otro de garzas reales pasan volando a cierta altura, rumbo a más benignas tierras sureñas. El Sol comienza a hacer esfuerzos por imponerse en las alturas, y ya las nubes vienen y van, pausando su regalo de aguas y haciendo un poco más fácil la vida a los bichos (y a los bicheros…). Aunque ya ha llovido algo, las riveras todavía muestra su lecho totalmente seco, sirviendo de “autovías” para los venados y cobijando a lúganos Carduelis spinus y petirrojos en las plantas de sus orillas.

Un mirlo hace amagos de canto tras las lluvia, sonido que a mi me resulta de lo más relajante. Algunos buitres se muestran chorreando posados en los riscos, de los que poco a poco se van tirando para volar y tratar de tomar una altura que les permita encontrar papeo. Entre ellos andan infiltradas dos rapaces distintas, que resultan ser águilas reales, en esta ocasión con plumaje de inmaduros. Una de ellas, hembra grande, se acerca a mi posición prospectando orgullosa un cabezo de lentiscos y acebuches. De pronto una cohorte de urracas comienza a perseguirla, propinándole molestos envites en el dorso y tirándole de la cola. De ser complicado eso de reinar por estos pagos, con tanta competencia por la supremacía y donde parece que todos los súbditos están por rebelarse. Vamos, que del glamur del poderío pasas a ser una reina apaleá antes de darte cuenta…

Bastantes buitres negros Aegypius monachus vuelan con los leonados Gyps fulvus, y yo aprovecho para hacerles cutrescoping en vuelo y con un fondo horrible (quién da más!). Un gavilán Aen vuelo lejano se pierde tras un monte, y siguiéndolo reparo en las numerosas roscas de buitres que se están levantando algo más lejos.
Hacia ellos me dirijo, con un tiempo que sigue inestable y lo mismo deja un breve aguacero que regala momentos de sol espléndido. Localizo un grupo de buitres en el suelo, capeando el temporal como pueden e intentando aprovechar los momentos sin lluvia para sacudirse y quitarse gotas de agua.

Pero poco a poco el astro rey se impone, se alejan los nubarrones y el viento, y el cielo evoluciona a un intenso e infinito azul, con el Sol repartiendo generosamente una preciosa luz que convierte casi en amables los hasta hace poco grises y hostiles montes. Y entonces ocurre algo en la extensa ladera que contemplo: por todas partes se oyen ásperas voces y se ve movimiento donde parecía no haber vida animal. Me echo los prismáticos y asombrado me doy cuenta de que hay cientos de buitres posados por doquier en pequeños grupos por los suelos y chaparros del monte, hasta ese momento invisibles en la distancia debido a que no se movían. Y todos, cual girasoles gigantes, están ahora abriendo sus alas casi al compás y orientándolas al sol para poder secarse, invitándome a participar de estas escenas casi intimistas. No dejo de emocionarme y sentirme un privilegiado por poder vivir estas cosas, aún teniendo la suerte de disfrutarlas con cierta frecuencia.

Un sonido muy familiar me hace levantar la vista, y tras unos momentos consigo encontrar, volando por debajo de mi posición y contra el matorral, a un águila imperial con un bellísimo plumaje de damero. Me costó dar con ella, y pude hacerlo gracias a que esta especie es muy dada al cántico, pues si no probablemente ni la hubiera olido. La seguía en vuelo cuando cogió altura y se encontró con otro damero! Siempre digo que este plumaje es el más complicado de observar en la especie, al menos en Sierra Morena. Tras un ratito de exhibición y algunas piruetas y vocalizaciones de marcaje se perdieron al otro lado del viso.

Seguí lo que quedaba de tarde (que a estas alturas del año no es mucho) disfrutando de los buitres con una luz inmejorable, y haciéndoles algunas fotos. Conforme iban secándose levantaban y volaban hacia algún lugar detrás de mi, y de hecho muchos de ellos me pasaban muy muy cerca, siendo posible apreciar todo lujo de detalles casi a ojo y escuchar el silbido del roce de sus alas contra el viento. Cuánta libertad transmiten estos animales! Pude llegar a ver un buitre negro adulto dotado de emisor GPS, y previamente había leído varias placas alares de leonados. Prácticamente a los dos días me enteré de que estos bichos, de distintas edades, eran algunos de esos numeroso buitres viajeros que nos visitan en invierno: uno de ellos procedía de Castellón, otro del proyecto de reintroducción de Alcoy (Alicante) y un tercero de Aragón.

Casi sin tiempo a más se echó la noche, anotando previamente un par de chovas piquirrojas Pyrrhocorax pyrrhocorax. La Luna, casi llena, se enseñoreó entonces sobre el pinar, dando paso a las ánimas da noite... y es que esta época de finales de otoño y principios del invierno es mi preferida para hacer estaciones de escucha nocturnas. No se dio mal, pues el melancólico canto de los sapos parteros ibéricos Alytes cisternasii y la profunda llamada del búho real me dieron la despedida, junta al quejumbroso y casi desgarrador latido del zorro en celo (un sonido realmente bonito que os animo a escuchar si no lo habéis hecho). Ya de vuelta por la carreterucha, despacito y estando atento, me llegó el mejor momento del día: 2 jinetas Genetta genetta se me cruzaron a la vez, una de las cuales se volvió y me dejó observarla con tranquilidad durante unos minutos, hasta que subió entre los chaparros del talud metiéndose en la oscuridad del bosque….una pasada!!
Otro zorro puso el punto y final a la jornada, que a pesar de su comienzo parece que no acabó finalmente tan mal…

3 comentarios:

  1. Hola Rafita:
    Bueno, como te diría, esta entrada que me he leído entera, que lo sepas!!!! me ha gustado mucho, primero el relato esta muy chulo, el día mereció la pena truhán, no veas si viste cositas, la naturaleza te regalo unos de esos días que solo son para los afortunados y para los pocos a los que ella les quiere brindar esos regalos, que como te he dicho son pocos los merecidos de un día tan completito.
    Las fotos aunque sean como tu las haces, hay algunas que como dice el Senci, hacen pupita.
    Me ha gustado mucho tío. Espero que mas pronto que tarde coincidamos en una salida de campo, que tengo ganas, te debo Veta la palma, no te digo na como esta, bandos de 18000 flamencos, 15000 agujas, 10000 rabudos junto a 15000 cucharas y no se me ha quedado el dedo en el cero, jaja y una sorpresita, un bando de pardillas de esos que poca gente ha visto en su vida....
    Me gustaría ir a la salida de Portugal pero no lo sabré hasta ultima hora ya te aviso.
    Un abrazo.

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  2. Rafa, una crónica muy chula. Y sobre todo el poder disfrutar de las ginetas. Están ahí pero que difícil son verlas.
    un abrazo

    Diego Peinazo

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  3. Tengo la suerte de vivir a escasos km de estos montes y no me canso de campear por ellos.Siempre descubres algo nuevo. Un saludo y muy buen articulo.

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