[Las fotografías de paisajes y de fauna que aparecen en este Blog (realizadas mediante la técnica del cutrescoping) y los textos que las acompañan están hechos por mi, a menos que se diga lo contrario.

Puedes utilizar las imágenes y hacer referencia a los textos libremente, pero siempre citando la fuente y al autor. Gracias]


Latido Jondo

Cerradas manchas de monte en las sierras de Andújar... apreturas y riscales en Despeñaperros... soledades boscosas y remotas en Hornachuelos... cantos de colirrojo real en los frescos castañares en la Sierra de Aracena... ríos que serpentean entre hondos barrancos cordobeses... robledales donde termina Andalucía... el morir alomado y llano de la Sierra en el extremo norte de Sevilla... bellotas que se caen de las encinas... callejas de pueblos blancos donde cantan las golondrinas... olor a pasto mojado cuando suena la berrea... cigüeñas negras sobre el murmullo de las aguas... bruscos picados de águilas reales... croar de sapos y ranitas en la noche... chillidos de matanza en las frías mañana de invierno... el paso elástico del lince bajo la valla... manto florido de dehesas en primavera.... agostaero de pastos en verano...

Si yo fuera bicho, Sierra Morena sería mi área de campeo. En este blog pretendo compartir con vosotros algunos de los momentos camperos que vivo tanto en esta zona -a retazos salvaje y honda, a retazos domesticada y suave- de Andalucía como en otros variopintos parajes naturales, a veces alejados de la Sierra pero que también forman parte de mi área de dispersión....o a los cuales llego con carácter divagante o accidental....


Bienvenidos!

5 de octubre de 2010

Bramidos en Sierra Morena

Mucho se escribe sobre la berrea en estas fechas, y muchos somos los naturalistas que salimos al campo a finales del verano y principios del otoño para tratar de presenciar en directo este espectáculo natural. Incluso los que sabemos que el ciervo Cervus elaphus (su superpoblación y gestión, más exactamente) es hoy por hoy un grave problema ecológico en muchas sierras andaluzas, no podemos resistirnos a sus encantos en estos días en los que se desgañitan a todas horas, llenado el ambiente con sus roncas voces.

Mis últimas jornadas camperas por la Sierra han tenido a este gran ungulado como protagonista destacado. El pasado finde (1-3 octubre) estuve por Sierra Morena cordobesa, haciendo un poco de todo. La berrea parecía débil la calurosa tarde del viernes, con apenas un par de machos “cantando” en las sierras montoreñas, rato amenizado brevemente por un águila real Aquila chrysaetos picando y haciendo vuelos de marcaje cerca de una gran “rosca” en la que se agrupaban unos 250 buitres leonados Gyps fulvus y algunos negros. El potente vuelo de picogordos Coccothraustes coccothraustes y palomas torcaces me acompañaba a ratos en el collado donde me situé, para estos alados un paso natural entre dos frondosas vaguadas.

El sábado amanecí con el valle del río Arenoso ante mis ojos, casi en la misma linde del Parque Natural de las Sierras de Cardeña y Montoro. Un paisaje boscoso, agreste, hostil y tremendamente solitario, como tantos otros rincones de Sierra Morena. Los pinares (plantaciones forestales, pero altamente naturalizados en su mayor parte) tapizan casi todas las lomas y cerros que alcanza la vista en esos lares, con algunos chaparrales o encinas infiltradas aquí y allá. Los fresnos, las adelfas y algunos almeces Celtis australis cobijan las mermadas aguas de este emblemático río cordobés, el penúltimo cauce de importancia que ha sido represado (desgraciadamente) en la porción cordobesa de nuestra oscura cordillera.

Ciertamente la Sierra no está bonita en estas fechas; de hecho, se encuentra en su peor momento anual, en la recta final del estío y a la espera de las ansiadas lluvias que renueven sus paisajes y revitalicen su flora, y que confiamos lleguen en breve. Pero no es menos cierto que los ciervos parecen querer decirnos con sus estruendos que las entrañas del monte no han perdido su vitalidad, su bravura ni sus ganas de vida, aún cuando todo parece languidecer al compás de la constante pérdida de las cuatro biznas de pasto que sobrevivían en los cabezos y chaparrales.

En el valle del Arenoso la berrea inunda cada rincón al alba y al oscurecer en estas semanas; es difícil describir la sensación que uno puede llegar a tener sentado, en total silencio y completa soledad, cuando los bramidos se suceden sin parar a un lado, al otro, de frente, detrás de ti, escuchándose a veces incluso el cercano crujir de los arbustos tronchándose al paso de estos mamíferos…. Sólo el canto de un águila real, el cerrojeo de un carbonero común, el cacareo de una invisible águila imperial, un escribano montesino sisando y la distraída conversación de los rabilargos se atrevían a poner acordes complementarios a la banda sonora serrana, ahora acaparada por los truenos de amor de los ciervos.

A mi vera se escuchaba el entrechocar de los cuernos de dos machos que la cobertura vegetal ocultaba a los indiscretos ojos del observador humano, a la par que otro ejemplar se alzaba sobre las patas traseras para alcanzar las bellotas de una encinucha. En el arenal del lecho del río un venado de mediano porte juntaba a su discreto harén de tres pepas; sorprendentemente, vi una ardilla roja Sciurus vulgaris cruzar por detrás de los ungulados (esta especie es bastante rara en Sierra Morena cordobesa). Algunos muflones Ovis musimon, ajenos por el momento a tal derrame de testosterona, trepaban por las laderas entre lentiscos y pedregales.
Cuando los buitres comenzaron a saltar a los cielos, en busca de térmicas que escalar, me retiré. A pesar de que se intuía el calor, los ánimos febriles de los ciervos no cesaban….

Esa misma tarde fui invitado a asistir a una visita guiada para disfrutar de la berrea en el otro extremo de la provincia: el Parque Natural de la Sierra de Hornachuelos. El plan era entrar en una finca privada -cuyo propietario había autorizado la visita, off course- para acercar este fenómeno a los más de 30 asistentes, entre ellos bastantes niños, que se apuntaron a esta actividad propuesta y organizada por mis compañeros de ADIT-Sierra Morena. Y claro, ya que estábamos aprovechamos para pajarear y mostrar a los curiosos participantes algunas de las aves más características de este poco conocido espacio natural.

En lo relativo a la ornitofauna la cosa salió bastante bien. Estas fechas son ideales para presenciar la mezcla de especies residentes, estivales rezagados, migrantes en paso e invernantes recién llegados; y esto es precisamente lo que pudimos ver, todo junto y bien revuelto, cuando localizamos un águila calzada Aquila pennata haciendo un vertiginoso picado de caza al borde de la dehesa. Siguiéndola pillamos a un buitre negro Aegypius monachus en la lejanía, que se fue acercando hasta colocarse sobre la calzada y un ratonero. Al poco llegó una pareja de águilas reales, que se unió a la térmica y no vaciló en dedicarnos una serie de vuelos de marcaje (¡cómo se ponen las grandes águilas con el “celo de otoño”!), regalándonos la oportunidad de comparar su silueta con la del enorme monje. Como colofón una cigüeña negra Ciconia nigra nos sobrevoló a bastante altura, sin olvidar la presencia de un gavilán común Accipiter nisus, seguramente recién aterrizado para pasar la invernada al cobijo de los templados y fragosos montes de Hornachuelos.

De pelo la cosa estuvo más flojita en la preciosa y empinada ladera de alcornoques y matorral mediterráneo a orillas del arroyo Guadalora escogida para la observación de atardecer: pocos venados berreando, algunas ciervas dispersas ramoneando y un par de muflones que nos miraban desde el monte opuesto. No contribuyeron mucho los bichos….aunque claro, imagino que el asunto habría ido mejor si no hubiera llegado un capullo a la finca contigua (probablemente el guarda) para pegar un tiro y espantar a todo bicho viviente de la zona, disparo supongo también destinado a intimidarnos a nosotros.

Por si alguien no lo sabe, en Sierra Morena no todo es color de rosa. Trabajar en el campo con bichos es extremadamente difícil en la mayor parte del terreno; no sólo las propiedades privadas suelen estar cerradas a cal y canto para el común de los mortales –sobre todo si no gastas rifle y los billetes de 500 lapos no abundan en tu bolsillo o no eres alguien importante-, sino que además molesta que la gente pueda estar mirando desde fuera de las vallas, que más parecen cobijar el más secretudo de los planes de armamento nuclear que estar destinadas a que las reses no salgan del acotado. Incluso un silencioso grupo de niños y adultos con prismáticos y su ilusión puesta en observar la berrea en la finca vecina es visto como una peligrosa e intolerable intromisión.

Y es que ya sa sabe, los ojos los carga el diablo…

1 comentario:

  1. Qué buen paseo me has dado por Sierra Morena sin moverme de casa. A ver cuando quedamos para dar un paseo in situ por esa zona.

    Un saludo.

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