[Las fotografías de paisajes y de fauna que aparecen en este Blog (realizadas mediante la técnica del cutrescoping) y los textos que las acompañan están hechos por mi, a menos que se diga lo contrario.

Puedes utilizar las imágenes y hacer referencia a los textos libremente, pero siempre citando la fuente y al autor. Gracias]


Latido Jondo

Cerradas manchas de monte en las sierras de Andújar... apreturas y riscales en Despeñaperros... soledades boscosas y remotas en Hornachuelos... cantos de colirrojo real en los frescos castañares en la Sierra de Aracena... ríos que serpentean entre hondos barrancos cordobeses... robledales donde termina Andalucía... el morir alomado y llano de la Sierra en el extremo norte de Sevilla... bellotas que se caen de las encinas... callejas de pueblos blancos donde cantan las golondrinas... olor a pasto mojado cuando suena la berrea... cigüeñas negras sobre el murmullo de las aguas... bruscos picados de águilas reales... croar de sapos y ranitas en la noche... chillidos de matanza en las frías mañana de invierno... el paso elástico del lince bajo la valla... manto florido de dehesas en primavera.... agostaero de pastos en verano...

Si yo fuera bicho, Sierra Morena sería mi área de campeo. En este blog pretendo compartir con vosotros algunos de los momentos camperos que vivo tanto en esta zona -a retazos salvaje y honda, a retazos domesticada y suave- de Andalucía como en otros variopintos parajes naturales, a veces alejados de la Sierra pero que también forman parte de mi área de dispersión....o a los cuales llego con carácter divagante o accidental....


Bienvenidos!

28 de julio de 2010

Sierra Morena: escandalera en blanco y negro

“Lo veo todo…en blanco y negro”. Así dice una canción de Barricada, que aparentemente nada tiene que ver con lo que viví en el campo el otro día. O sí. Porque yo también tuve la suerte de presenciar, aún sin haber sido invitado, un espectáculo en el que todo era en blanco y negro…
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Las Damas Negras, como llama el gran experto Luis Santiago Cano a sus (nuestras) amadas cigüeñas negras Ciconia nigra, están en la recta final de la reproducción en este año tardío. La semana pasada estuve pajareando por la Sierra Morena sevillana, con una que estaba cayendo que más bien invitaba al resguardo bajo al aparato de A/A que a patear senderos y a carrilear por montes y llanos. Pero aún así fue una jornada muy interesante.

Una Dama Negra llegó volando y se posó sobre un peñasco cerca de mi posición. Me agaché entre los matorrales y pude ver con todo detalle el apagado color de pico y patas así como su traje casi impoluto y nuevo, pues se trataba de un jovencito que estaba prácticamente estrenando el plumífero vestido blanquinegro (o más bien “blanquipardo”). Permaneció tranquilo, atusándose las plumas, hasta que de repente empezó a emitir un insistente silbido y a levantar y agachar cuello y cabeza, con un movimiento claramente infantil. El silbidito era difícil de describir, como a medio camino entre el de las jóvenes grullas y el de los pollos de espátula. Tras un rato de verlo cursando estas impertinentes solicitudes decidí marcharme con sigilo, y al desandar el camino descubrí de reojo el motivo de estas llamadas: un adulto había llegado y se había posado en otra piedra cercana, hasta ese momento fuera de mi campo de visión pero a la vista de la joven cigüeñita. Fuere como fuere, el progenitor pasaba de su retoño y permanecía impasible mirando a los lados y limpiando su pecho con el pico de color rojo intenso -casi chillón-, que junto a las fuertes irisaciones verdes y violetas del cuello le daban un soberbio aspecto. Me fui y los dejé en esa actitud, asombrado por este sonido que nunca antes en mi vida había escuchado.

Continuó la jornada entre colirrojos tizones Phoenicurus ochruros cebando a sus pollos volantones y vencejos reales Apus melba entrando a sus nidos, estampas extremadamente difíciles de observar en Sierra Morena (sobre todo en la mitad occidental), en un estirón final de la estación reproductora que también aprovechaban los gorriones chillones Petronia petronia y papamoscas grises Muscicapa striata, quienes alimentaban a sus proles en nidos de golondrinas y ramas bajas de árboles, respectivamente. Una calzada, una culebrera al rato, roqueros solitarios Monticola solitarius, cernícalos….en esas estábamos cuando un nuevo sonido, lejano pero claro, llegó a mis oídos. Un silbido que primeramente asocié a los cánticos de alguna culebrera, pero que no obstante salían de muy distinta siringe: las de un adulto de cigüeña negra que volaba a media altura, patas colgando y cola abierta en blanco, silbando constantemente y alardeando en los cielos de su territorio. Un espectáculo que muy pocas veces he presenciado antes, a pesar de que suelo ver a este precioso animal casi a diario en mis trasiegos por Sierra Morena.

¿Sería un hastaluego a las agujas de piedra, jarales y alcornoques de su territorio? Deben estar ya casi haciendo sus maletas estos tímidos bichos, pues en breve imagino se asentarán en alguna charca o en el remanso de algún río, para unirse a otros congéneres y en unas semanas abrir alas rumbo a África o a las Marismas del Guadalquivir. En eso pensaba mientras la preciosa Dama Negra silbaba y bamboleaba sus patas sobre mi trazando amplios círculos, en una extraña danza que duró un cierto rato.
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Tanto las llamadas cercanas del pollo como este marcaje sonoro del adulto constituyeron un gran espectáculo que me sentí muy afortunado de poder disfrutar. Y, conociendo lo tímido y silencioso del carácter de nuestra amiga, me pareció una auténtica escandalera en blanco y negro.

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