[Las fotografías de paisajes y de fauna que aparecen en este Blog (realizadas mediante la técnica del cutrescoping) y los textos que las acompañan están hechos por mi, a menos que se diga lo contrario.

Puedes utilizar las imágenes y hacer referencia a los textos libremente, pero siempre citando la fuente y al autor. Gracias]


Latido Jondo

Cerradas manchas de monte en las sierras de Andújar... apreturas y riscales en Despeñaperros... soledades boscosas y remotas en Hornachuelos... cantos de colirrojo real en los frescos castañares en la Sierra de Aracena... ríos que serpentean entre hondos barrancos cordobeses... robledales donde termina Andalucía... el morir alomado y llano de la Sierra en el extremo norte de Sevilla... bellotas que se caen de las encinas... callejas de pueblos blancos donde cantan las golondrinas... olor a pasto mojado cuando suena la berrea... cigüeñas negras sobre el murmullo de las aguas... bruscos picados de águilas reales... croar de sapos y ranitas en la noche... chillidos de matanza en las frías mañana de invierno... el paso elástico del lince bajo la valla... manto florido de dehesas en primavera.... agostaero de pastos en verano...

Si yo fuera bicho, Sierra Morena sería mi área de campeo. En este blog pretendo compartir con vosotros algunos de los momentos camperos que vivo tanto en esta zona -a retazos salvaje y honda, a retazos domesticada y suave- de Andalucía como en otros variopintos parajes naturales, a veces alejados de la Sierra pero que también forman parte de mi área de dispersión....o a los cuales llego con carácter divagante o accidental....


Bienvenidos!

19 de diciembre de 2010

Jugando al escondite (nutrias en Sierra Morena)

Unos cuantos grados bajo cero, una helada del copón en el valle y tranquilidad absoluta en el lugar al amanecer, ingredientes servidos para intentar localizar a mi objetivo de hace un par de días en Sierra Morena occidental.
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La rivera de Cala nace en la pacense sierra de Tentudía y en su tramo alto se desliza marcando las lindes entre Huelva, Badajoz y Sevilla, resguardando en sus aguas vida y alimento para una nutrida comunidad de invertebrados y vertebrados entre los que destaca “mi” buscada protagonista: la nutria Lutra lutra.

En invierno, este mustélido se muestra más activo durante las horas de luz, lo que unido a su abundancia, a lo lineal de su hábitat y a su carácter confiado y curioso, la convierten a mi juicio en el carnívoro más fácil de observar en Sierra Morena (junto con el lince en los lugares donde éste aún sobrevive). Hacía bastante tiempo que no le dedicaba la atención que se merece y no salía a buscarla “en condiciones”. Obviamente hay muchas ocasiones en las que te vuelves a casa como llegaste, con un cero en tu marcador nutrieril. Pero la proporción es menor que cuando intentas observar otros carnívoros, al menos en mi experiencia personal.

La numerosísimas huellas impresas en la helada arena, y las muchas cacas marcando rocas estratégicas en el agua a lo largo de varios kilómetros de cauce ponen de manifiesto su soberanía en las aguas del Cala, así que basta con moverse sigilosamente por el cauce, con la esperanza de sorprenderla afanada en sus labores diarias. Eso sí, si quieres verlas necesitas atención completa, sigilo y tensión constante para estar atento a cada ruido, a cada onda o burbujita en el agua, a cada chapoteo e incluso a cada olor que llega a tu nariz medio congelada… Y cuando ni siquiera el huidizo martín pescador Alcedo atthis se percata de tu presencia asomado al remanso, es que la cosa va bien…

Tras varias falsas alarmas con gallinetas, zampullines y andarríos grandes como protagonistas, me abrí paso entre los tamujos y allí estaba!! Cuando la localicé andaba semisumergida en el agua, cabeza abajo, mostrándome la cola y patas traseras mientras seguramente intentaba capturar un pez con las manos. Me quedé inmóvil cuando asomó la cabeza, y esperé a que la volviera a meter para salir a la playa de guijarros y tirarme a lo largo en el suelo, pues por experiencia sé que estos bichos no andan muy finos de vista. La distancia era corta, pero aún más lo fue cuando se vino nadando hacia mi posición, llegando estar a menos de 2 metros de mi!!! No soplaba nada de aire y por eso no le habría llegado mi olor, así que se dejó observar un buen rato mientras estaba atareada en busca de papeo. Un rato después ocurrió lo inevitable y reparó en mi presencia (sospecho que me olió, por los gestos que hizo).

Cuando una nutria te ve es altamente probable que no huya, y de hecho eso fue lo que pasó. Se sumergió pero fui siguiendo su rastro de burbujitas mientras buceaba, hasta que la pillé escondiéndose entre las zarzas y eneas del pequeño talud de la orilla, justo enfrente. Siempre me llama la atención el comportamiento de este animal, pues teniendo río más que suficiente para pirarse, optan por lo general por resguardase en la orilla, en algún escondite cutre donde supongo piensan que tú no las ves.

Y ciertamente, sin prismáticos es muy probable que no haya quien las vea, porque el color de su pelaje hace que sean casi invisibles si no se mueven, aunque no estén lejos. Estuve un buen rato disfrutando de este ejemplar, que se dedicó a dormitar en mi cara… Placenteramente cerraba los ojos y la cabeza se le iba hacia el lado, como un niño pequeño, aunque a ratos abría los ojos y me miraba entre la vegetación, seguramente pensando “a ver cuándo se va el pesao este”.

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Me marché y la dejé allí con su siesta. Caminando por el río vi una garceta grande Egretta alba, que voló a una encina. Es este lugar de los pocos sitios de toda Sierra Morena donde esta enorme garza de inmaculado plumaje inverna anualmente desde hace varias temporadas; me llamó la atención cómo fue incordiada, y finalmente desplazada, por una garza real –más pequeña pero con más mala leche-que estaba pescando en las cercanías y que no toleró la presencia de su blanca prima.

La jornada transcurrió por el río, por algunos de sus afluentes y por las sobresalientes dehesas de su entorno. Pude degustar las bellísimas estampas minimalistas que el hielo había dejado esa noche, y que no se derritieron en todo el día. Imagino que un fotógrafo sabría sacarle todo el partido a estas delicadas y gélidas figuras, puesto que me da impresión de que pueden dar bastante juego en este aspecto; yo me conformo al menos con retratarlas pues es algo que en estas tierras sólo puede presenciarse unos cuantos días cada invierno.

Más tarde localicé a un zorro Vulpes vulpes en un prado, que se perdió de mi campo visual de una forma inesperada y muy extraña. Esperé y lo vi de nuevo, pero en esta ocasión me había guipado él a mí, y de nuevo dio unos pasos y desapareció casi como por misterio. Como no me salían las cuentas, me acerqué y descubrí la causa que mis congeladas neuronas no habían intuido: el zorro hacía como cuando éramos pequeños y jugando al escondite alguien gritaba “CAAASA”, desapareciendo por las bocas de la enorme zorrera donde tiene su morada ... Buen lugar para hacer una espera con telescopio algún otro día.

Tras un largo paseo por los encinares, se me echaba la tarde encima abriéndome paso por una ladera de apretado matorral en la orilla abrupta del río, aguas abajo de donde comencé. Estaba oteando cuando escuché un sonido rompiendo el monte, a paso tranquilo pero demoledor….a los pocos minutos salió un buen jabalí Sus scrofa a mi vera, a no más de 15 metros, el cual se puso a hozar en la esponjosa tierra. Al rato, en vista de que se me iba acercando poco a poco sin que me detectara, me delaté intencionadamente y el guarro puso pies en polvorosa (con los cochinos nunca se sabe y es mejor prevenir…).

Finalmente terminé el día como lo empecé… con otra nutria en las retinas! A esta la localicé desde lejos, y con el tele la estuve siguiendo mientras nadaba junto a la orilla, saliendo a tierra en varias ocasiones y excavando en la arena (¿?). Me tuve que acercar porque mi camino pasaba por el punto del río donde ella se hallaba, así fue como la vi más cerca y como ella también me vio a mí. Este bicho optó por la técnica de “hacerse el tronco”, que puede resultar muy efectiva si no estás previamente al loro de su presencia. Se quedan flotando en la superficie a lo largo, con la cola extendida y asomando el hocico y los ojos para tenerte controlado… una pasada! Al poco este ejemplar decidió que, al igual que su vecina y que el raposo, quería jugar al escondite conmigo y se metió entre unos palos de la orilla, donde la estuve observando hasta que decidí seguir mi camino ya que la noche estaba al caer.

En resumen, fue otro de esos días suertudos en los que te sientes afortunado y llegas a tu casa con una sonrisa de oreja a oreja que no se te quita en varios días…

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PD: como veis, he puesto un par de vídeos de cutrevidioscoping, espero que os gusten a pesar de la mala calidad que implica la utilización de esta técnica tan casera...

3 de diciembre de 2010

De buitres viajeros, ánimas da noite y reinas apaleás...

Amanece lloviendo. Y bien avanzada la mañana, sigue lloviendo. “Lo que mal empieza, mal acaba”, me decía entre dientes tras haberme pegado un buen madrugón, subir a la Sierra, haber mantenido una reunión en ayunas (no os lo aconsejo) y desplazarme hasta un rincón remoto en la quinta puñeta donde me encontraba en la portada de una gran finca, mojándome y con cara de pasmarote por haberme encontrado la cancela cerrada aún cuando me esperaban. Sin cobertura, claro está…. Pero, como tantas otras veces, me equivocaba. Pocas jornadas camperas son tan agradecidas como esas en las que, tras varios días de climatología adversa, el cielo se abre y deja ver la belleza de un azul radiante y un sol que brilla con ganas aunque apenas llegue a calentar.

Aún con una fina lluvia que calaba aparecieron algunos protagonistas de marcado renombre serrano: un buen grupo de buitres leonados y negros intentaban en vano pillar alguna incipiente térmica, tirándose desde lo alto de un discreto cabezo en estas tierras de Onza, que por un lado se asoman a la Sierra Morena sevillana y por otro dan vistas a las remotas soledades de la cordobesa Sierra de Hornachuelos. Bandos de palomas torcaces se recortaban aquí y allá contra un cielo aún gris, y una discreta tarabilla común con el plumaje mojado vigilaba desde su percha.

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Un movimiento veloz a media ladera llama mi atención, a pesar de su fugacidad….lo enchufo con los prismáticos y veo a un adulto de águila real Aquila chrysaetos, en endiablado vuelo en dirección a un collado. Busco la causa de esta rara forma de vuelo y la hallo justo detrás: una pareja de águilas imperiales Aquila adalberti la persigue, y de hecho la hembra le hace un amago de picado. La observación dura poco, pues los bichos costean al otro lado de la loma… Bueno, al menos esto ya se endereza!

Con tanto movimiento atmosférico los pájaros deben andar algo descolocados, y un grupo de gaviotas sombrías y otro de garzas reales pasan volando a cierta altura, rumbo a más benignas tierras sureñas. El Sol comienza a hacer esfuerzos por imponerse en las alturas, y ya las nubes vienen y van, pausando su regalo de aguas y haciendo un poco más fácil la vida a los bichos (y a los bicheros…). Aunque ya ha llovido algo, las riveras todavía muestra su lecho totalmente seco, sirviendo de “autovías” para los venados y cobijando a lúganos Carduelis spinus y petirrojos en las plantas de sus orillas.

Un mirlo hace amagos de canto tras las lluvia, sonido que a mi me resulta de lo más relajante. Algunos buitres se muestran chorreando posados en los riscos, de los que poco a poco se van tirando para volar y tratar de tomar una altura que les permita encontrar papeo. Entre ellos andan infiltradas dos rapaces distintas, que resultan ser águilas reales, en esta ocasión con plumaje de inmaduros. Una de ellas, hembra grande, se acerca a mi posición prospectando orgullosa un cabezo de lentiscos y acebuches. De pronto una cohorte de urracas comienza a perseguirla, propinándole molestos envites en el dorso y tirándole de la cola. De ser complicado eso de reinar por estos pagos, con tanta competencia por la supremacía y donde parece que todos los súbditos están por rebelarse. Vamos, que del glamur del poderío pasas a ser una reina apaleá antes de darte cuenta…

Bastantes buitres negros Aegypius monachus vuelan con los leonados Gyps fulvus, y yo aprovecho para hacerles cutrescoping en vuelo y con un fondo horrible (quién da más!). Un gavilán Aen vuelo lejano se pierde tras un monte, y siguiéndolo reparo en las numerosas roscas de buitres que se están levantando algo más lejos.
Hacia ellos me dirijo, con un tiempo que sigue inestable y lo mismo deja un breve aguacero que regala momentos de sol espléndido. Localizo un grupo de buitres en el suelo, capeando el temporal como pueden e intentando aprovechar los momentos sin lluvia para sacudirse y quitarse gotas de agua.

Pero poco a poco el astro rey se impone, se alejan los nubarrones y el viento, y el cielo evoluciona a un intenso e infinito azul, con el Sol repartiendo generosamente una preciosa luz que convierte casi en amables los hasta hace poco grises y hostiles montes. Y entonces ocurre algo en la extensa ladera que contemplo: por todas partes se oyen ásperas voces y se ve movimiento donde parecía no haber vida animal. Me echo los prismáticos y asombrado me doy cuenta de que hay cientos de buitres posados por doquier en pequeños grupos por los suelos y chaparros del monte, hasta ese momento invisibles en la distancia debido a que no se movían. Y todos, cual girasoles gigantes, están ahora abriendo sus alas casi al compás y orientándolas al sol para poder secarse, invitándome a participar de estas escenas casi intimistas. No dejo de emocionarme y sentirme un privilegiado por poder vivir estas cosas, aún teniendo la suerte de disfrutarlas con cierta frecuencia.

Un sonido muy familiar me hace levantar la vista, y tras unos momentos consigo encontrar, volando por debajo de mi posición y contra el matorral, a un águila imperial con un bellísimo plumaje de damero. Me costó dar con ella, y pude hacerlo gracias a que esta especie es muy dada al cántico, pues si no probablemente ni la hubiera olido. La seguía en vuelo cuando cogió altura y se encontró con otro damero! Siempre digo que este plumaje es el más complicado de observar en la especie, al menos en Sierra Morena. Tras un ratito de exhibición y algunas piruetas y vocalizaciones de marcaje se perdieron al otro lado del viso.

Seguí lo que quedaba de tarde (que a estas alturas del año no es mucho) disfrutando de los buitres con una luz inmejorable, y haciéndoles algunas fotos. Conforme iban secándose levantaban y volaban hacia algún lugar detrás de mi, y de hecho muchos de ellos me pasaban muy muy cerca, siendo posible apreciar todo lujo de detalles casi a ojo y escuchar el silbido del roce de sus alas contra el viento. Cuánta libertad transmiten estos animales! Pude llegar a ver un buitre negro adulto dotado de emisor GPS, y previamente había leído varias placas alares de leonados. Prácticamente a los dos días me enteré de que estos bichos, de distintas edades, eran algunos de esos numeroso buitres viajeros que nos visitan en invierno: uno de ellos procedía de Castellón, otro del proyecto de reintroducción de Alcoy (Alicante) y un tercero de Aragón.

Casi sin tiempo a más se echó la noche, anotando previamente un par de chovas piquirrojas Pyrrhocorax pyrrhocorax. La Luna, casi llena, se enseñoreó entonces sobre el pinar, dando paso a las ánimas da noite... y es que esta época de finales de otoño y principios del invierno es mi preferida para hacer estaciones de escucha nocturnas. No se dio mal, pues el melancólico canto de los sapos parteros ibéricos Alytes cisternasii y la profunda llamada del búho real me dieron la despedida, junta al quejumbroso y casi desgarrador latido del zorro en celo (un sonido realmente bonito que os animo a escuchar si no lo habéis hecho). Ya de vuelta por la carreterucha, despacito y estando atento, me llegó el mejor momento del día: 2 jinetas Genetta genetta se me cruzaron a la vez, una de las cuales se volvió y me dejó observarla con tranquilidad durante unos minutos, hasta que subió entre los chaparros del talud metiéndose en la oscuridad del bosque….una pasada!!
Otro zorro puso el punto y final a la jornada, que a pesar de su comienzo parece que no acabó finalmente tan mal…

27 de noviembre de 2010

Sierra de Aracena: Invernantes guapos y setas

Fieles a su cita de cada invierno, ya han llegado al castillo de Aracena los acentores alpinos Prunella collaris, especie que nos regalará el lujazo de poder ser observada en algunos puntos de Sierra Morena hasta casi la entrada de la primavera. Ajenos al repiqueteo de los empedraores y a los cánticos de los albañiles que se afanan estos días en las obras de acondicionamiento de este emblemático recinto amurallado, los montanos pajarillos se entregaban ayer por la mañana al rebusque entre hierbecillas y piedras, tratando de capturar algún pequeño insecto o quizá alguna olvidada semilla que llevarse al buche.
El acentor alpino es un paseriforme cuya distribución en el Paleártico Occidental se restringe principalmente a la alta montaña de los países del arco mediterráneo. En España se le encuentra criando en áreas por lo general por encima de 1.700-1.800 msnm de Pirineos, Cordillera Cantábrica, Sistemas Ibérico y Central y Sierra Nevada, confinado a cumbres y laderas con escasa y rala vegetación y mucha piedra; en Andalucía sólo suelen reportarse unas cuantas observaciones anuales, casi todas en cumbres y collados de las sierras béticas. En el caso de estos bichos en concreto, su avistamiento podría considerarse como “apto para todos los públicos” debido la accesibilidad del enclave, al ladito del casco urbano. Comparten espacio con residentes habituales del lugar como roquero solitario, avión roquero o cogujada común.

La jornada previa pude disfrutar de otro de los invernantes más guapos que recalan por Sierra Morena: el camachuelo común Pyrrhula pyrrhula, especie de la que detecté un grupito de 4-5 individuos en un monte de jaras del término de Zufre. Por allí también algunos ejemplares de la espectacular (y peligrosa) Amanita muscaria, varios deliciosos gallipiernos Macrolepiota procera ya debidamente transformados en croquetas, pinateles Lactarius sp., rúsulas Russula sp

El pueblo de Zufre presentaba un muy bonito aspecto con la otoñada palpable en los huertos que cortejan el pie del cortado kárstico sobre el que se extiende, y en la franja norte del Parque Natural algunas hermosas Vanessa atalanta volaban cerca de Colias crocea y Pieris brassicae, no lejos de una indiscreta pareja de Sympetrum sp. entregada a la cópula y puesta de huevos. A lo largo de toda la jornada hubo asimismo un goteo incesante de pequeños grupos de ánsar común Anser anser en periplo viajero hacia las marismas del Guadalquivir.

Terminé el día censando otro tipo de invernantes, los ligados a medios acuáticos, en incremento en las últimas décadas debido a la construcción de embalses a lo largo y ancho de estas montañas del norte andaluz. Un grupo de cucharas europeos Anas clypeata y dos águilas pescadoras Pandion haliaetus (una de ella protagonizando un espectacular lance de pesca) fueron lo más interesante.
Todas estas observaciones fueron hechas en lugares incluidos en las rutas ornitológicas en las que estoy trabajando actualmente, y que verán la luz –espero- en breve, en forma de un libro de propuestas para observar aves y Naturaleza en la comarca de la Sierra de Aracena y Picos de Aroche (sector onubense de Sierra Morena).

19 de noviembre de 2010

II DÍA DE LOS PÁJAROS Y LOS NIÑOS DE SIERRA MORENA (Cazalla, 20-N)

Mañana sábado 20 de noviembre celebraremos desde ADIT-Sierra Morena, en colaboración con el Ayto. de Cazalla de la Sierra y la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía, el II DÍA DE LOS PÁJAROS Y LOS NIÑOS DE SIERRA MORENA.
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Talleres de máscaras de aves emblemáticas de la Sierra, realización de recortables, taller de dibujos, juegos infantiles, puesto de información sobre aves y el trivial del patrimonio natural andaluz serán las actividades de las que podrán disfrutar los niños de entre 4 y 12 años que asistan al Parque del Moro (Cazalla de la Sierra, Sevilla) entre las 11 y las 14:00 h. del sábado.
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Posteriormente procederemos a la liberación de un precioso búho real Bubo bubo recuperado en el CREA de San Jerónimo.

¡¡¡ANÍMATE A PASAR UN DÍA EN FAMILIA EN LA SIERRA Y TRAE A TUS POLLITOS A DISFRUTAR CON LAS AVES DE SIERRA MORENA!!!

8 de noviembre de 2010

Festival de Águilas en Sierra Morena (Curso de Iniciación a la ornitología de SEO-Sevilla)

Como ya comenté en una entrada anterior, el pasado finde 5, 6 y 7 de noviembre celebramos en SEO-Sevilla nuestro tradicional Curso de Iniciación de Ornitología. Siempre tuvo mucha aceptación excepto el año pasado, cuando por vez primera y debido a una publicidad algo tardía, no conseguimos llenar las plazas. Así pues, teníamos reto a la vista para esta edición, por lo que lo planeamos todo con más calma; gracias a ello, de nuevo hemos logrado un lleno absoluto (incluso con algún asistente de más), y a tenor de las valoraciones y comentarios pensamos que los 26 alumnos han quedado muy contentos y han adquirido nociones y conceptos básicos útiles sobre ornitología, sobre las aves españolas y sobre sus amenazas.

La parte práctica consistió en una tarde de iniciación al anillamiento, donde anilladores expertos del Grupo mostraron de qué va eso del anillamiento y la investigación científica, las partes de un ave, la toma de medidas y el desarrollo normal de una actividad de este tipo. Se marcaron bastantes aves de especies como curruca capirotada, mirlo común, gorrión común, carbonero común, tórtola turca o estornino negro. Todo ello en Sevilla capital, ya que ciertamente los jardines del antiguo monasterio de La Cartuja rebosan vida pajaril en estas fechas. En dicho lugar también se escuchó un bando de grullas en migración, e incluso uno de los alumnos del Curso llegó a fotografiar un ave que me enseñó y que resultó ser un macho de camachuelo común Pyrrhula pyrrhula, el primero que detectamos por aquí esta temporada! Por desgracia las exóticas invasoras también están cada vez más presentes en la ciudad de Sevilla, como atestiguan tanto los nutridos bandos de cotorra de Kramer Psittacula krameri, cotorra argentina Myiopsitta monachus y pico de coral común Estrilda astrild como la presencia (para mi inesperada) de al menos 2 exs. de lorito senegalés Poicephalus senegalus en los jardines cartujanos.

Por supuesto, la práctica también incluyó una salida para observar aves, que en esta ocasión desarrollamos por vez primera en Sierra Morena sevillana. Por la mañana nos dividimos en grupos manejables con el fin de mostrar a los asistentes las aves que habitan en estas fechas el matorral mediterráneo y las zonas rupícolas de nuestro entorno. Así es como se pudo disfrutar de observaciones chulas de pito real ibérico, totovía, petirrojo, colirrojo tizón, curruca capirotada, cogujada montesina o roquero solitario Monticola solitarius. También hicieron acto de presencia especies como buitre leonado, avión roquero, gavilán, zorzal común, acentor común, escribano soteño, gorrión chillón o los primeros 2 zorzales alirrojos Turdus iliacus de este otoño. Las estaciones de escucha sorprendieron a más de uno, que no se creía la cantidad de especies que puede estar rodeándonos sin mostrarse a la vista…

A media mañana nos trasladamos al Jardín Botánico El Robledo, donde habíamos concertado una visita guida con su botánico Álvaro (no todo iban a ser plumas…). El buen hacer de este profesional mantuvo el interés de todos durante la hora que duró nuestra estancia en el Jardín, pues todos aprendimos cosas de la rica vegetación del P. N. Sierra Norte de Sevilla. También allí se vieron cositas: lúgano Carduelis spinus, milano real, buitre leonado, curruca capirotada,…
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El resto de la jornada estaba destinado a rapacear, como no podía ser de otra manera en esta parte de Sierra Morena. Teníamos como objetivo marcado el mostrar a los alumnos las diferencias entre rapaces habituales por aquí, aunque para ello dependíamos un poco de la suerte. Afortunadamente la fortuna nos echó un cablecillo, o un gran cable más bien, y conseguimos ver 4 águilas imperiales Aquila adalberti (1 ad., 2 pajizos y 1 inm/juv), un mínimo de 8-10 águilas reales Aquila chrysaetos distintas -todas con plumaje juv/inm excepto un ad. macho -, bastantes milanos reales Milvus milvus que nos dejaron gozar con sus colores bajo una luz preciosa, varios ratoneros y cernícalos, buitres negros y leonados con sus características y diferentes forma de volar…. Lo de las águilas fue tremebundo, un auténtico festival (llegamos a tener a la vista a la vez 8 reales y una imperial!!) ya que las pudimos observar en vuelo de prospección, posadas en arbustos al acecho de conejos, andando por el suelo, protagonizando escaramuzas….sobra decir que los voluntarios que participamos en la actividad estábamos flipando incluso más que los alumnos, aunque estemos más acostumbrados a ver este tipo de cosas. Rapiñas aparte, también pudimos avistar cuervo, chova piquirroja, alondra, triguero, bisbita común, avefría, agachadiza común, cigüeñuela, garza real, estornino negro, urraca, alcaudón real o perdiz roja, entre otros alados.

En mi opinión podemos calificar este Curso como bastante satisfactorio, cosa que ha sido posible gracias a todos los compañeros de SEO-Sevilla que se han volcado en el mismo y han aportado su granito (o granazo) de arena para que esta actividad haya podido realizarse un año más. Creo que desde este finde hay algunos enganchados a las aves más en Andalucía…
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[Nota: ninguna de las fotos fueron hechas en las jornadas aquí mencionadas]

14 de octubre de 2010

Tarántulas, mariposas y otros bichos del bosque mediterráneo

El extremo centro-oriental de la Sierra Morena sevillana acoge una importante extensión de bosque mediterráneo aclarado, donde encinas, alcornoques y quejigos se mezclan y revuelven, derramándose por laderas fragosas y llaneando en amigables navas. A pesar de que las últimas lluvias aún no han tenido tiempo de materializarse en forma de setas ni de fresca yerba verde, el ambiente nublado y fresco –unido al amarillear de las hojas- y la tranquilidad reinante invitaban al paseo por el bosque en sensación de intimidad, quizá esperando el encuentro con alguno de esos duendes y otros seres mitológicos que a veces se aparecen a los naturalistas.
La rivera de Ciudadeja corre ahora alegre y casi bulliciosa, frías sus aguas e incipientemente otoñales las arboledas que la rodean. Y es que en estos frescos bosques mediterráneos no todo es hoja perenne, puesto que los chopos, los castaños, los fresnos, las cornicabras, los olmos, las vides silvestres e incluso los escasísimos arces de Montpellier empiezan a quitarse sus vestidos tímidamente, no sin antes regalarnos la vista con distintas tonalidades de rojos, ocres y amarillos. También lo hacen membrilleros, perales y cerezos en los ruinosos huertos que salpican la vera del río. Los quejigos, algo mojigatos ellos, dejan sin embargo los cambios de color para más adelante, pareciendo dudar entre desnudarse o no…
El olor a tierra mojada, a la cama del jabalí entre el matorral, a los higos pasados que hoy nadie recoge en las abandonadas huertas, antaño compañeras de molinos harineros... todo estimula los sentidos del caminante, como anticipo del apogeo de la otoñá que aún tardará unas semanas en llegar. Las ranas comunes ya notan el fresco nocturno y por la mañana se muestran espesas en sus movimientos, mientras que sus parientes las ranitas meridionales aprovechan la humedad cálida del mediodía para cantar a plena luz.
Dos árboles caracterizan, al menos para mi, la ruta que estuve haciendo la otra mañana: el quejigo Quercus faginea, que además de formar singular arboledas mixtas presenta muy buenos portes en algunos ejemplares, majestuosos incluso al lado de los soberbios alcornoques; y el aliso Alnus glutinosa, que -aunque algo mermado- aún forma bonitos tramos de bosque de ribera en el Ciudadeja, a cuyo sombrío cobijo acude variada fauna en verano. Mención aparte merece el ya nombrado arce de Montpellier Acer monspessulanum, árbol muy escaso en Andalucía y que en Sierra Morena sólo he visto en las umbrías de Despeñaperros (Jaén) y en estos bosques orientales de la sierra sevillana. También destacan muchos ejemplares de fresno de hoja estrecha Fraxinus angustifolia por su altitud y gran talla, tanto los que crecen junto a la corriente como algunos que se desarrollan en empinadas umbrías y en navas y llanos.
Bajo encinas y quejigos languidecen en estas fechas los restos de las que en primavera fueron las flores más bonitas de estos pagos: las preciosas peonías Paeonia broteroi, que hoy entregan sus amarillentos tallos sin vida a la esponjosa tierra, aunque dejando ver aún algunas semillas en sus cápsulas de la vida. Y los olmos Olmus minor (gravemente afectados en la Sierra Norte de Sevilla por la grafiosis) aparecen con muchísima frecuencia muertos, secos pero aún de pie y abrazados los unos a los otros por el extremo de lo que fueron sus copas, formando extraños esqueletos de madera que aprovechan picos picapinos, pitos reales y trepadores azules para buscar larvas de las que alimentarse.
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En las áreas más despejadas, como claros entre los árboles, orillas de los caminos, pastizales de los pequeños valles y en las orillas de la rivera aún vuelan distintas especies de mariposas, como las comunes Pontia daplidice, Lycaena phlaeas, Pararge aegeria, Pieris sp. (brassicae/rapae) y algunas otras que no contribuyeron a la identificación y se quedaron en el tintero para ponerles nombre en otra ocasión (gajes de ser principiante en la materia…). Uno de los mejores momentos del día fue el descubrimiento de una bajá de dos colas o mariposa de los madroños Charaxes jasius, de tremenda belleza y vivo colorido, que volaba sobre los árboles y se posó en la parte alta de un aliso. Algunos odonatos como el caballito Lestes virens y un anisóptero de potente –e imparable- vuelo, que quizá pertenezca al género Aeshna, también deambulaban junto a remansos, pocitas y orillas del cauce en busca de insectos que trincar y devorar sin piedad.
Dejamos atrás las aguas del Ciudadeja, con sus zapateros Gerris sp. y sus pequeños peces, y tras un refrescante chaparrón cambiamos de paisajes, no sin antes embucharnos con delicias serranas en el pequeño y blanco pueblo de Las Navas de la Concepción.
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Montes de pinos piñoneros y eucaliptos se asoman bruscamente al río Retortillo, ahora de muy escasas aguas en el tramo por encima de su embalse. Encinas, zarzas, juncos, adelfas y fresnos cortejan este leve caudal, por donde el meloncillo campea marcando con sus letrinas. Al otro lado la carretera se interna en dehesas de alcornoques, ya en el cordobés Parque Natural de la Sierra de Hornachuelos; en los cerros de la cabecera del arroyo Guadalora también están muy presentes los montes de jara y brezo -con madroños, alcornoques y encinas- hasta donde se pierde la vista. Desde su oteadero rocoso el águila real Aquila chrysaetos vigilaba sus feudos, quizá disfrutando como nosotros del calmo vuelo de los buitres leonados y negros. Más prisa tenía la pareja de Sympetrum fonscolombii que se daba al amor sobre las jaras, aprovechando el tirón final de la estación reproductora, en vecindad con una confiada cierva que pastaba junto a su crecido cervato.
De vuelta a tierras sevillanas reparamos en los considerables bandos que ya por estas fechas forman los fringílidos, especialmente jilgueros y pardillos. Tras sobrepasar dehesas donde pacen y bellotean numerosos cerdos ibéricos, y también dejando de lado algunas cercas sobrecargadas de estos animales (y de sus purines), llegó el otro gran momento del día: una gigantesca araña atravesaba la carretera con paso lento, arriesgando su via. Se trataba de una hembra, creo que de la especie Hogna radiata. A sus espaldas, o mejor dicho sobre su abdomen, decenas de minúsculas crías se agolpaban en una perfecta pelota, confiando en que su madre las transportara a algún lugar seguro al otro lado de la vía asfaltada. Hacía tiempo que no presenciaba esta escena y me hizo mucha ilusión, pues estos enormes invertebrados son guapísimo! La ayudamos a cruzar y la dejamos internarse en el monte alto de encinas, durillos y madroños.
Hay otro río que también es protagonista en el extremo nororiental de la provincia de Sevilla; se abre paso por una de las zonas más salvajes y solitarias de Sierra Morena, guarida de los últimos lobos sevillanos y cordobeses. La rivera de Onza, totalmente seca en estas fechas, es un cauce ancho y de riberas arbustivas, en las que adelfas y tamujos serpentean al compás de sus aguas –cuando las lleva- y se abren paso en forma de amplio valle entre cabezos y quebrados montes de jaras, lentiscos, acebuches, chaparros y brezos. Enormes cortijos (palacios rurales, más bien) salpican aquí y allá estas enormes fincas de gran tradición cinegética mayor y menor.
Escondidos en las impenetrables lomas de matorral, o asomándose altivos a valles y pastizales, los venados berreaban con las últimas luces de una soleada tarde de otoño; unos a otros se contestaban desde sus puestos preferidos, con “cantos” tan poco delicados como atractivos…el sonido más característico del monte en otoño. También nos llegaba el sonido de sus compañeros (de fatigas) los jabalíes Sus scrofa, que fuera de nuestra vista estarían retozando en una baña escondida en la arboleda de una vaguada; al rato salieron 4 individuos, delante dos marranetes y detrás dos buenos machos, uno de ellos un auténtico cochinato de buena boca y mayores testículos (…). El fango arcilloso que adornaba la pelambrera de sus espaldas y patas ponía en evidencia que, en efecto, habían estado practicando su deporte acuático preferido… Con ese caminar tan característico que lucen se perdieron ladera arriba por la mancha.
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Los alados más emblemáticos del país tampoco se hicieron mucho de rogar… un juvenil de águila imperial ibérica Aquila adalberti cicleaba por la cuerda de un serrejón, y dos buitres negros Aegypius monachus pasaron muy cerca de nosotros, volando sobre una hoya a última hora del día. Varios gavilanes Accipiter nisus se dejaron ver a lo largo de la jornada y, junto a ellos, se encargaron de anunciarnos la llegada de la época invernal los primeros acentores comunes Prunella modularis de la temporada (escuchados en un jaral) y el primer bandito de bisbitas comunes Anthus pratensis que me sobrevuela esta campaña.
Fin de la jornada y vuelta para casa, pues se tardan dos horas desde este remoto rincón de la provincia de Sevilla. Como anécdota, los que salimos al campo asiduamente sabemos que el día 12 de octubre es particularmente utilizado por personas de dudosa moral para cometer infracciones o ciertos actos delictivos en nuestros montes, aprovechando la celebración por parte de la benemérita de su festividad…. Otras veces me ha tocado presenciar caza de fringílidos con arbolete (liga), extracción ilícita de guijarros del lecho de un río o caza nocturna. Y en esta ocasión no iba a ser menos: por la mañana dos personajes en todoterreno echaron pie a tierra de modo descarado en el camino por el que transitábamos; de reojo los vi sacar un rifle y subir ladera arriba. Al rato, cuando estábamos disfrutando del hallazgo de varios arces, escuchamos un tiro que resonó “al tapadillo” entre los árboles.
El furtivismo es una infracción, como también lo es utilizar chupete (silenciador, en el argot) en el rifle…pero creo que eso ellos ya lo sabían.

5 de octubre de 2010

Bramidos en Sierra Morena

Mucho se escribe sobre la berrea en estas fechas, y muchos somos los naturalistas que salimos al campo a finales del verano y principios del otoño para tratar de presenciar en directo este espectáculo natural. Incluso los que sabemos que el ciervo Cervus elaphus (su superpoblación y gestión, más exactamente) es hoy por hoy un grave problema ecológico en muchas sierras andaluzas, no podemos resistirnos a sus encantos en estos días en los que se desgañitan a todas horas, llenado el ambiente con sus roncas voces.

Mis últimas jornadas camperas por la Sierra han tenido a este gran ungulado como protagonista destacado. El pasado finde (1-3 octubre) estuve por Sierra Morena cordobesa, haciendo un poco de todo. La berrea parecía débil la calurosa tarde del viernes, con apenas un par de machos “cantando” en las sierras montoreñas, rato amenizado brevemente por un águila real Aquila chrysaetos picando y haciendo vuelos de marcaje cerca de una gran “rosca” en la que se agrupaban unos 250 buitres leonados Gyps fulvus y algunos negros. El potente vuelo de picogordos Coccothraustes coccothraustes y palomas torcaces me acompañaba a ratos en el collado donde me situé, para estos alados un paso natural entre dos frondosas vaguadas.

El sábado amanecí con el valle del río Arenoso ante mis ojos, casi en la misma linde del Parque Natural de las Sierras de Cardeña y Montoro. Un paisaje boscoso, agreste, hostil y tremendamente solitario, como tantos otros rincones de Sierra Morena. Los pinares (plantaciones forestales, pero altamente naturalizados en su mayor parte) tapizan casi todas las lomas y cerros que alcanza la vista en esos lares, con algunos chaparrales o encinas infiltradas aquí y allá. Los fresnos, las adelfas y algunos almeces Celtis australis cobijan las mermadas aguas de este emblemático río cordobés, el penúltimo cauce de importancia que ha sido represado (desgraciadamente) en la porción cordobesa de nuestra oscura cordillera.

Ciertamente la Sierra no está bonita en estas fechas; de hecho, se encuentra en su peor momento anual, en la recta final del estío y a la espera de las ansiadas lluvias que renueven sus paisajes y revitalicen su flora, y que confiamos lleguen en breve. Pero no es menos cierto que los ciervos parecen querer decirnos con sus estruendos que las entrañas del monte no han perdido su vitalidad, su bravura ni sus ganas de vida, aún cuando todo parece languidecer al compás de la constante pérdida de las cuatro biznas de pasto que sobrevivían en los cabezos y chaparrales.

En el valle del Arenoso la berrea inunda cada rincón al alba y al oscurecer en estas semanas; es difícil describir la sensación que uno puede llegar a tener sentado, en total silencio y completa soledad, cuando los bramidos se suceden sin parar a un lado, al otro, de frente, detrás de ti, escuchándose a veces incluso el cercano crujir de los arbustos tronchándose al paso de estos mamíferos…. Sólo el canto de un águila real, el cerrojeo de un carbonero común, el cacareo de una invisible águila imperial, un escribano montesino sisando y la distraída conversación de los rabilargos se atrevían a poner acordes complementarios a la banda sonora serrana, ahora acaparada por los truenos de amor de los ciervos.

A mi vera se escuchaba el entrechocar de los cuernos de dos machos que la cobertura vegetal ocultaba a los indiscretos ojos del observador humano, a la par que otro ejemplar se alzaba sobre las patas traseras para alcanzar las bellotas de una encinucha. En el arenal del lecho del río un venado de mediano porte juntaba a su discreto harén de tres pepas; sorprendentemente, vi una ardilla roja Sciurus vulgaris cruzar por detrás de los ungulados (esta especie es bastante rara en Sierra Morena cordobesa). Algunos muflones Ovis musimon, ajenos por el momento a tal derrame de testosterona, trepaban por las laderas entre lentiscos y pedregales.
Cuando los buitres comenzaron a saltar a los cielos, en busca de térmicas que escalar, me retiré. A pesar de que se intuía el calor, los ánimos febriles de los ciervos no cesaban….

Esa misma tarde fui invitado a asistir a una visita guiada para disfrutar de la berrea en el otro extremo de la provincia: el Parque Natural de la Sierra de Hornachuelos. El plan era entrar en una finca privada -cuyo propietario había autorizado la visita, off course- para acercar este fenómeno a los más de 30 asistentes, entre ellos bastantes niños, que se apuntaron a esta actividad propuesta y organizada por mis compañeros de ADIT-Sierra Morena. Y claro, ya que estábamos aprovechamos para pajarear y mostrar a los curiosos participantes algunas de las aves más características de este poco conocido espacio natural.

En lo relativo a la ornitofauna la cosa salió bastante bien. Estas fechas son ideales para presenciar la mezcla de especies residentes, estivales rezagados, migrantes en paso e invernantes recién llegados; y esto es precisamente lo que pudimos ver, todo junto y bien revuelto, cuando localizamos un águila calzada Aquila pennata haciendo un vertiginoso picado de caza al borde de la dehesa. Siguiéndola pillamos a un buitre negro Aegypius monachus en la lejanía, que se fue acercando hasta colocarse sobre la calzada y un ratonero. Al poco llegó una pareja de águilas reales, que se unió a la térmica y no vaciló en dedicarnos una serie de vuelos de marcaje (¡cómo se ponen las grandes águilas con el “celo de otoño”!), regalándonos la oportunidad de comparar su silueta con la del enorme monje. Como colofón una cigüeña negra Ciconia nigra nos sobrevoló a bastante altura, sin olvidar la presencia de un gavilán común Accipiter nisus, seguramente recién aterrizado para pasar la invernada al cobijo de los templados y fragosos montes de Hornachuelos.

De pelo la cosa estuvo más flojita en la preciosa y empinada ladera de alcornoques y matorral mediterráneo a orillas del arroyo Guadalora escogida para la observación de atardecer: pocos venados berreando, algunas ciervas dispersas ramoneando y un par de muflones que nos miraban desde el monte opuesto. No contribuyeron mucho los bichos….aunque claro, imagino que el asunto habría ido mejor si no hubiera llegado un capullo a la finca contigua (probablemente el guarda) para pegar un tiro y espantar a todo bicho viviente de la zona, disparo supongo también destinado a intimidarnos a nosotros.

Por si alguien no lo sabe, en Sierra Morena no todo es color de rosa. Trabajar en el campo con bichos es extremadamente difícil en la mayor parte del terreno; no sólo las propiedades privadas suelen estar cerradas a cal y canto para el común de los mortales –sobre todo si no gastas rifle y los billetes de 500 lapos no abundan en tu bolsillo o no eres alguien importante-, sino que además molesta que la gente pueda estar mirando desde fuera de las vallas, que más parecen cobijar el más secretudo de los planes de armamento nuclear que estar destinadas a que las reses no salgan del acotado. Incluso un silencioso grupo de niños y adultos con prismáticos y su ilusión puesta en observar la berrea en la finca vecina es visto como una peligrosa e intolerable intromisión.

Y es que ya sa sabe, los ojos los carga el diablo…

18 de agosto de 2010

Reproducción de Cormorán grande en la provincia de Huelva

El cormorán grande Phalacrocorax carbo, fabuloso pescador submarinista, ha protagonizado un aumento de sus poblaciones y expansión de las mismas en Europa en las últimas décadas del siglo XX, lo que -unido a la construcción y puesta en funcionamiento de grandes embalses en España- ha provocado que haya ido pasando poco a poco de ser una especie de rara aparición en el interior de la Península a llegar a considerarse un invernante común o incluso localmente abundante.

De la mano de este proceso expansivo y de la actual mayor disponibilidad de hábitat comenzó a reproducirse en el interior de España en la década de los 90, llegando a Andalucía en el año 2000 con la primera colonia de cría conocida, la del embalse de Giribaile (Jaén), la cual en unos años pasó de 10 a 110 pp. y se expandió al vecino embalse de Guadalén. Al margen de esta localidad, conocí una pequeña colonia en el Paraje Natural de la Cola del Embalse de Bornos en 2004 y me han hablado de su reproducción ocasional hace años en el sur de la provincia de Huelva, además de haberse dado algún intento de cría en Almería, como quedó reflejado en la Monografía de aves acuáticas reproductoras de SEO/Birdlife.
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Esta temporada, concretamente la semana pasada, pude confirmar la nidificación del cormorán grande en la provincia de Huelva, más exactamente en eucaliptos de un embalse del Parque Natural Sierra de Aracena y Picos de Aroche. Era algo que se veía venir, y de hecho es altamente probable que el año pasado ya se reprodujera; este bicho cría tarde, puesto que controlé la colonia (de garzas) en primavera y los cormoranes no estaban, mientras que casi a mediados de agosto aún había varios nidos con pollos –en esta línea, recuerdo haber visto los nidos de Bornos todavía ocupados a mediados de septiembre-. Se trata de la primera nidificación confirmada que conozco en el conjunto de Sierra Morena.

Así pues, nueva especie nidificante para el Parque Natural. Y van dos esta temporada, puesto que también he podido comprobar la reproducción de avetorillo Ixobrichus minutus.
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Además de estos grandes “pajarracos negros” (como los llaman por aquí), en los primeros días de agosto recalaron por el embalse especies migratorias de escasa aparición como la garza imperial Ardea purpurea (juveniles), o los aún más raros fumarel común Chidonias niger o avoceta Recurvirostra avosetta.
Asimismo, llegó la primera águila pescadora Pandion haliaetus de la temporada... de ésta también espero alguna sorpresa a corto plazo.
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